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Peralêo
Definición
-illo
Sufijos peraleos usados para formar el diminutivo --- El sufijo -ino para construir el diminutivo proviene del asturleonés y se usa desde Asturias y Cantabria hasta Extremadura, pasando por lo que era el antiguo Reino de León (León, Zamora y Salamanca). Está emparentado con el galaico-portugués -iño (escrito -inho en portugués). En Asturias y norte de León las formas -ino/-ina (hombrino, mujerina) conviven con -ín/-ina (portalín, casina), variantes que se incorporaron también al castellano. En Peraleda, y la mayor parte de Extremadura, no se usa el masculino -ín, sino el par -ino/-ina. Además, a diferencia del leonés, se utilizan, al menos en Peraleda, las formas castellanas, que en unas palabras sí y en otras no, insertan una C delante del sufijo (callejoncillo, ratoncine, cajoncito). El peraleo lo hace prácticamente en las mismas palabras que el castellano, con escasas excepciones (jardinillo). Así pues, en peraleo no se dice hombrino, ni pueblino, como en León o en Cáceres occidental, sino hombrecino o pueblecino. En cambio, sí se dicen sin C: perrina (perrita), vaquina (vaquita), gatino (gatito) o burrino (burrito), lo que muestra que el peraleo ha asimilado el prefijo -ino procedente de la parte leonesa de la provincia (la mitad occidental), pero manteniendo una morfología netamente castellana en todo momento, con cambio fonético, pero no paradigmático. Una prueba más de que nuestro dialecto no procede del leonés con influencias castellanas, sino que es claramente castellano, aunque tenga algunas influencias leonesas por contacto con las tierras occidentales. Sin embargo, en Peraleda se usaban poco las terminaciones típicamente castellanas con T castellana -ito/-ita con sustantivos (raramente se decía casita, sino casina). Las que sí se usaban bastante eran las formas, también castellanas -illo/-illa, de modo que sonaba normal decir perrillas, muchachillo, etc. Esto se debe a que cuando el peraleo se separó del castellano el sufijo -ito se usaba aún muy poco, mientras que el sufijo más común en castellano era por entonces -illo. Hasta los años 50 del siglo pasado el sufijo -illo era mucho más usado en Peraleda que en la actualidad, habiendo disminuido su uso en favor de -ino/-ine, y con un ligero aumento de -ito por influencia del estándar. También pueden coincidir ambas formas con significado diferente. Una casina es una casa pequeña, pero si una madre le dice a su hijo que se vaya para casa que es tarde, no sería raro oírla decir: "Amos, tira pa casita que ya es tarde". Nunca usaría casina en esa frase, porque remitiría al tamaño de la casa. Por otra parte, en Peraleda, a diferencia de Extremadura en general, conviven las formas de influencia leonesa en -ino/-ina con las variantes -ine/-ina, siendo para el masculino usadas las formas -ino e -ine. Tan normal suena decir cochecino como decir cochecine (perrine, gatine, muchachine, cachine...), lo que da a nuestro dialecto un color peculiar y diferente. Ese uso de -ine, aunque más escaso, lo encontramos también en los pueblos vecinos del Campo Arañuelo cacereño y toledano, y era muy frecuente en la vecina comarca de La Vera. Fuera de nuestra zona sólo lo hemos constatado en Cantabria, lo que resulta muy peculiar porque el asturleonés oriental se hablaba en Cantabria y en la parte occidental de Cáceres, pero es en la zona oriental, que no era leonesa, donde ha pervivido. Caso aparte merece la palabra chiquitito, que en Peraleda tiene varias formas, todas comunes: chiquenine, chiquenino, chiquinine, chiquinino. La forma chiquetín, tan conocida por el estribillo de la Jota de la Manzana ("Chiquetín, chiquetín / se quería casar / y quería vivir / a la orilla del mar...") no es una forma local, sino una mezcla del castellano chiquitín con el peraleo chiquenine. Esto demuestra que esa estrofa no fue compuesta originalmente en Peraleda, sino traída de fuera. De hecho, esa estrofa con ligeras variaciones, se encuentra por otras partes de España, incluida la versión que se canta al final de la famosa zarzuela La Rosa del Azafrán, estrenada en 1930 (ver aquí). Por lo tanto, el uso de las formas de diminutivo nos puede dar pistas sobre en qué momento el habla de Peraleda se separó del castellano estándar y nos permite establecer una hipótesis, aún provisional, atendiendo a estas razones: -En el castellano medieval el diminutivo se formaba con la terminación -uelo (pilluelo, ladronzuelo, arroyuelo) o con su variante en -ejo (calleja, Madrigalejo, Castillejo, Zarzalejo) o el que más se generalizó -iello→ -illo (perrillo, casilla, fuentecilla). No es hasta finales del siglo XV cuando se empieza a encontrar el sufijo -ito en la literatura, anque en el habla rural ya estaba generalizado desde mucho antes, tal vez desde finales del XIII o principios del XIV. -Puesto que en Peraleda era común el -illo medieval, pero no tanto la forma -ito, este hecho apunta a que nuestro dialecto se separó del castellano estándar en torno al siglo XIV como muy tarde, por lo que nos quedamos con -illo (y un poco de -ito, que luego se vería reforzado por la influencia del estándar). Posteriormente, las formas en -illo cambiaron la Ll por N, pasando a -ino, por influencia del diminutivo leonés, que se hablaba por esa época desde la Ruta de la Plata hasta Portugal. Aunque sólo nos afectó en ese cambio de LL a N sin trastocar el paradigma de uso del infijo -C- que se añade a algunas palabras, pero no a otras, pues continuamos usando en eso las reglas castellanas. - También nos entró de occidente el diminutivo masculino -ine, forma que luego desapareció en toda la zona leonesa de Cáceres pero que pervivió en nuestra zona. En la actualidad la forma -ine, aunque aún muy viva, está perdiendo vigencia (precisamente por considerarse más "del pueblo"). Además, por influencia del estándar, se usa cada vez más la forma -ito, aunque sigue sólo como tercera forma. El sufijo -illo, aún muy frecuente en la desaparecida generación de nuestros abuelos, casi ha dejado de usarse. Sobre las connotaciones de los sufijos peraleos:     1. -illo tiene valor diminutivo neutro, sólo expresa tamaño o cantidad pequeña (muchachillo, perrillas, burrillo, cochinillo, tejaíllo). Con algunas palabras se usa poco o nada (ovejilla, chimeneílla, esportilla). En algunos casos ya está lexicalizado, formando palabras propias sin idea ya de diminutivo (ganchillo, visillo, mesilla, bombilla, vasarilla, perilla, mantilla, palillo). Aparece como un sufijo en decadencia, al contrario que en Andalucía occidental donde sigue siendo el principal y el más productivo. En generaciones pasadas era muy común, aunque actualmente se usa bastante poco, excepto en palabras donde el sufijo está lexicalizado (mesilla, hebilla, zapatilla, etc.).     2. -ino también tiene un valor puramente diminutivo, aunque sí es totalmente productivo y se puede usar con cualquier palabra (zapatino, hombrecino, pajina, piedrina...)     3. -ine tiene valor diminutivo, como los anteriores, pero añade a menudo un valor emotivo positivo (afectivo, apreciativo o de orgullo), y al igual que el anterior no tiene límites de uso. Cualquier palabra puede utilizarlo (perrine, muchachine, librine, pantaloncines, etc.). Comparado con -ino, da impresión de mayor pequeñez (un bujerine parece más pequeño que un bujerino).     4. -ito funciona como en el estándar. Puede indicar tamaño pequeño o algo entrañable  (o ambas cosas), pero con este sufijo es difícil saber cuánto hay de uso autóctono (probablemente muy poco) y cuánto de influencia del estándar. En cualquier caso, lo que vemos en peraleo antiguo es que este sufijo casi siempre se usa con sentido emotivo, no para referirse a tamaño. De este modo un perrino (o un perrillo) es simplemente un perro pequeño y un muchachino un niño pequeño, pero un perrine es un perro probablemente pequeño hacia el que se siente cierto afecto o simpatía. Del mismo modo, un muchachine es normalmente un niño pequeño por el que se muestra cierto afecto o al que se valora positivamente (hacia ese niño o al menos hacia el concepto de niño pequeño), o simplemente enfatiza más la idea de pequeñez. Por este motivo es frecuente usar el diminutivo -ine/-ina para referirse a las crías de los animales (liebrina, conejine, gatine...) Una madre dirá "¡Ay mi muchachine, cuánto le quiero yo!", y sería mucho menos probable oir de ella un "¡Ay mi muchachino...!". Esa noción afectiva, no tiene por qué ir unida al tamaño. Lo mismo ocurre en el español estándar. Si alguien compra un enorme chalé en la sierra y habla de "la casita" que tiene en la sierra, no está diciendo que sea pequeña, sino que habla de ella con afecto, porque es "su casita". En peraleo no parece darse (al menos no con esa claridad) la separación entre pequeño y entrañable, de modo que el prefijo -ino se refiere sólo a algo pequeño, y con el prefijo -ine hace referencia a algo pequeño y probablemente entrañable. En cualquier caso, si la cosa es grande, no se usa ningún diminutivo por mucho que se sienta afecto hacia ella. Así pues "mi casita en la sierra" en peraleo sería algo así como "mi casa de la sierra".  En cuanto a la variante femenina, el sufijo -illa se corresponde en todo a lo dicho para -illo. Sin embargo, como -ina es el femenino tanto de -ino como de -ine, resulta que -ina puede usarse sólo como diminutivo (femenino de -ino), o con un uso diminutivo y afectivo al mismo tiempo (femenino de -ine). Esta especialización de matices entre -ino e -ine ha hecho posible que en Peraleda hayan sobrevivido las dos formas conviviendo casi en igualdad, en lugar de que -ine terminase por desplazar a -ino, o al menos arrinconarlo como acabó pasando con -illo. Las diferencias comentadas no son fijas y claramente separadas, es posible decir cochecine sin matiz afectivo alguno, o decir cochecino con orgullo, pero sí son tendencias marcadas que se cumplen en la mayoría de las ocasiones. Sufijo reduplicado: En español se puede intensificar el diminutivo mediante reduplicación del sufijo:-ito→ -itito (chico, chiquito, chiquitito)En peraleo existe la misma herramienta:-ine→ -inine (chico, chiquine, chiquenine), también con -ino.En español este doble diminutivo se encuentra solo en unas cuantas palabras (chiquitito, poquitito...). En peraleo se usa con muchas otras palabras que nunca lo harían en español, resultando muy enfático (chiquenine, poquinine, cerquinina, casinina, perrinina, gatinine).Con adverbios y adjetivos: Tanto en español como en peraleo el diminutivo se puede usar con adjetivos (cortito→ cortine, grandecito→ grandecine) y también con adverbios (prontito→ prontine, cerquita→ cerquina/cerquinina). Del mismo modo, tanto en español como en peraleo, hay muchas palabras que no admiten el diminutivo (edad→ *edadita, tarde→*tardito). En general, salvo raras excepciones, las palabras que no admiten diminutivo en español tampoco lo admiten en peraleo. Uso enfático (con adverbios y adjetivos solamente) Aquí es donde encontramos un uso abundante y muy peraleo del sufijo -ito/a. No expresa tamaño, sino énfasis, agrandando la cualidad del adjetivo o adverbio al que se añade. Una persona puede estar "cansá", pero si está "cansaíta" es que está muy cansada.
-ín
Sufijos peraleos usados para formar el diminutivo --- El sufijo -ino para construir el diminutivo proviene del asturleonés y se usa desde Asturias y Cantabria hasta Extremadura, pasando por lo que era el antiguo Reino de León (León, Zamora y Salamanca). Está emparentado con el galaico-portugués -iño (escrito -inho en portugués). En Asturias y norte de León las formas -ino/-ina (hombrino, mujerina) conviven con -ín/-ina (portalín, casina), variantes que se incorporaron también al castellano. En Peraleda, y la mayor parte de Extremadura, no se usa el masculino -ín, sino el par -ino/-ina. Además, a diferencia del leonés, se utilizan, al menos en Peraleda, las formas castellanas, que en unas palabras sí y en otras no, insertan una C delante del sufijo (callejoncillo, ratoncine, cajoncito). El peraleo lo hace prácticamente en las mismas palabras que el castellano, con escasas excepciones (jardinillo). Así pues, en peraleo no se dice hombrino, ni pueblino, como en León o en Cáceres occidental, sino hombrecino o pueblecino. En cambio, sí se dicen sin C: perrina (perrita), vaquina (vaquita), gatino (gatito) o burrino (burrito), lo que muestra que el peraleo ha asimilado el prefijo -ino procedente de la parte leonesa de la provincia (la mitad occidental), pero manteniendo una morfología netamente castellana en todo momento, con cambio fonético, pero no paradigmático. Una prueba más de que nuestro dialecto no procede del leonés con influencias castellanas, sino que es claramente castellano, aunque tenga algunas influencias leonesas por contacto con las tierras occidentales. Sin embargo, en Peraleda se usaban poco las terminaciones típicamente castellanas con T castellana -ito/-ita con sustantivos (raramente se decía casita, sino casina). Las que sí se usaban bastante eran las formas, también castellanas -illo/-illa, de modo que sonaba normal decir perrillas, muchachillo, etc. Esto se debe a que cuando el peraleo se separó del castellano el sufijo -ito se usaba aún muy poco, mientras que el sufijo más común en castellano era por entonces -illo. Hasta los años 50 del siglo pasado el sufijo -illo era mucho más usado en Peraleda que en la actualidad, habiendo disminuido su uso en favor de -ino/-ine, y con un ligero aumento de -ito por influencia del estándar. También pueden coincidir ambas formas con significado diferente. Una casina es una casa pequeña, pero si una madre le dice a su hijo que se vaya para casa que es tarde, no sería raro oírla decir: "Amos, tira pa casita que ya es tarde". Nunca usaría casina en esa frase, porque remitiría al tamaño de la casa. Por otra parte, en Peraleda, a diferencia de Extremadura en general, conviven las formas de influencia leonesa en -ino/-ina con las variantes -ine/-ina, siendo para el masculino usadas las formas -ino e -ine. Tan normal suena decir cochecino como decir cochecine (perrine, gatine, muchachine, cachine...), lo que da a nuestro dialecto un color peculiar y diferente. Ese uso de -ine, aunque más escaso, lo encontramos también en los pueblos vecinos del Campo Arañuelo cacereño y toledano, y era muy frecuente en la vecina comarca de La Vera. Fuera de nuestra zona sólo lo hemos constatado en Cantabria, lo que resulta muy peculiar porque el asturleonés oriental se hablaba en Cantabria y en la parte occidental de Cáceres, pero es en la zona oriental, que no era leonesa, donde ha pervivido. Caso aparte merece la palabra chiquitito, que en Peraleda tiene varias formas, todas comunes: chiquenine, chiquenino, chiquinine, chiquinino. La forma chiquetín, tan conocida por el estribillo de la Jota de la Manzana ("Chiquetín, chiquetín / se quería casar / y quería vivir / a la orilla del mar...") no es una forma local, sino una mezcla del castellano chiquitín con el peraleo chiquenine. Esto demuestra que esa estrofa no fue compuesta originalmente en Peraleda, sino traída de fuera. De hecho, esa estrofa con ligeras variaciones, se encuentra por otras partes de España, incluida la versión que se canta al final de la famosa zarzuela La Rosa del Azafrán, estrenada en 1930 (ver aquí). Por lo tanto, el uso de las formas de diminutivo nos puede dar pistas sobre en qué momento el habla de Peraleda se separó del castellano estándar y nos permite establecer una hipótesis, aún provisional, atendiendo a estas razones: -En el castellano medieval el diminutivo se formaba con la terminación -uelo (pilluelo, ladronzuelo, arroyuelo) o con su variante en -ejo (calleja, Madrigalejo, Castillejo, Zarzalejo) o el que más se generalizó -iello→ -illo (perrillo, casilla, fuentecilla). No es hasta finales del siglo XV cuando se empieza a encontrar el sufijo -ito en la literatura, anque en el habla rural ya estaba generalizado desde mucho antes, tal vez desde finales del XIII o principios del XIV. -Puesto que en Peraleda era común el -illo medieval, pero no tanto la forma -ito, este hecho apunta a que nuestro dialecto se separó del castellano estándar en torno al siglo XIV como muy tarde, por lo que nos quedamos con -illo (y un poco de -ito, que luego se vería reforzado por la influencia del estándar). Posteriormente, las formas en -illo cambiaron la Ll por N, pasando a -ino, por influencia del diminutivo leonés, que se hablaba por esa época desde la Ruta de la Plata hasta Portugal. Aunque sólo nos afectó en ese cambio de LL a N sin trastocar el paradigma de uso del infijo -C- que se añade a algunas palabras, pero no a otras, pues continuamos usando en eso las reglas castellanas. - También nos entró de occidente el diminutivo masculino -ine, forma que luego desapareció en toda la zona leonesa de Cáceres pero que pervivió en nuestra zona. En la actualidad la forma -ine, aunque aún muy viva, está perdiendo vigencia (precisamente por considerarse más "del pueblo"). Además, por influencia del estándar, se usa cada vez más la forma -ito, aunque sigue sólo como tercera forma. El sufijo -illo, aún muy frecuente en la desaparecida generación de nuestros abuelos, casi ha dejado de usarse. Sobre las connotaciones de los sufijos peraleos:     1. -illo tiene valor diminutivo neutro, sólo expresa tamaño o cantidad pequeña (muchachillo, perrillas, burrillo, cochinillo, tejaíllo). Con algunas palabras se usa poco o nada (ovejilla, chimeneílla, esportilla). En algunos casos ya está lexicalizado, formando palabras propias sin idea ya de diminutivo (ganchillo, visillo, mesilla, bombilla, vasarilla, perilla, mantilla, palillo). Aparece como un sufijo en decadencia, al contrario que en Andalucía occidental donde sigue siendo el principal y el más productivo. En generaciones pasadas era muy común, aunque actualmente se usa bastante poco, excepto en palabras donde el sufijo está lexicalizado (mesilla, hebilla, zapatilla, etc.).     2. -ino también tiene un valor puramente diminutivo, aunque sí es totalmente productivo y se puede usar con cualquier palabra (zapatino, hombrecino, pajina, piedrina...)     3. -ine tiene valor diminutivo, como los anteriores, pero añade a menudo un valor emotivo positivo (afectivo, apreciativo o de orgullo), y al igual que el anterior no tiene límites de uso. Cualquier palabra puede utilizarlo (perrine, muchachine, librine, pantaloncines, etc.). Comparado con -ino, da impresión de mayor pequeñez (un bujerine parece más pequeño que un bujerino).     4. -ito funciona como en el estándar. Puede indicar tamaño pequeño o algo entrañable  (o ambas cosas), pero con este sufijo es difícil saber cuánto hay de uso autóctono (probablemente muy poco) y cuánto de influencia del estándar. En cualquier caso, lo que vemos en peraleo antiguo es que este sufijo casi siempre se usa con sentido emotivo, no para referirse a tamaño. De este modo un perrino (o un perrillo) es simplemente un perro pequeño y un muchachino un niño pequeño, pero un perrine es un perro probablemente pequeño hacia el que se siente cierto afecto o simpatía. Del mismo modo, un muchachine es normalmente un niño pequeño por el que se muestra cierto afecto o al que se valora positivamente (hacia ese niño o al menos hacia el concepto de niño pequeño), o simplemente enfatiza más la idea de pequeñez. Por este motivo es frecuente usar el diminutivo -ine/-ina para referirse a las crías de los animales (liebrina, conejine, gatine...) Una madre dirá "¡Ay mi muchachine, cuánto le quiero yo!", y sería mucho menos probable oir de ella un "¡Ay mi muchachino...!". Esa noción afectiva, no tiene por qué ir unida al tamaño. Lo mismo ocurre en el español estándar. Si alguien compra un enorme chalé en la sierra y habla de "la casita" que tiene en la sierra, no está diciendo que sea pequeña, sino que habla de ella con afecto, porque es "su casita". En peraleo no parece darse (al menos no con esa claridad) la separación entre pequeño y entrañable, de modo que el prefijo -ino se refiere sólo a algo pequeño, y con el prefijo -ine hace referencia a algo pequeño y probablemente entrañable. En cualquier caso, si la cosa es grande, no se usa ningún diminutivo por mucho que se sienta afecto hacia ella. Así pues "mi casita en la sierra" en peraleo sería algo así como "mi casa de la sierra".  En cuanto a la variante femenina, el sufijo -illa se corresponde en todo a lo dicho para -illo. Sin embargo, como -ina es el femenino tanto de -ino como de -ine, resulta que -ina puede usarse sólo como diminutivo (femenino de -ino), o con un uso diminutivo y afectivo al mismo tiempo (femenino de -ine). Esta especialización de matices entre -ino e -ine ha hecho posible que en Peraleda hayan sobrevivido las dos formas conviviendo casi en igualdad, en lugar de que -ine terminase por desplazar a -ino, o al menos arrinconarlo como acabó pasando con -illo. Las diferencias comentadas no son fijas y claramente separadas, es posible decir cochecine sin matiz afectivo alguno, o decir cochecino con orgullo, pero sí son tendencias marcadas que se cumplen en la mayoría de las ocasiones. Sufijo reduplicado: En español se puede intensificar el diminutivo mediante reduplicación del sufijo:-ito→ -itito (chico, chiquito, chiquitito)En peraleo existe la misma herramienta:-ine→ -inine (chico, chiquine, chiquenine), también con -ino.En español este doble diminutivo se encuentra solo en unas cuantas palabras (chiquitito, poquitito...). En peraleo se usa con muchas otras palabras que nunca lo harían en español, resultando muy enfático (chiquenine, poquinine, cerquinina, casinina, perrinina, gatinine).Con adverbios y adjetivos: Tanto en español como en peraleo el diminutivo se puede usar con adjetivos (cortito→ cortine, grandecito→ grandecine) y también con adverbios (prontito→ prontine, cerquita→ cerquina/cerquinina). Del mismo modo, tanto en español como en peraleo, hay muchas palabras que no admiten el diminutivo (edad→ *edadita, tarde→*tardito). En general, salvo raras excepciones, las palabras que no admiten diminutivo en español tampoco lo admiten en peraleo. Uso enfático (con adverbios y adjetivos solamente) Aquí es donde encontramos un uso abundante y muy peraleo del sufijo -ito/a. No expresa tamaño, sino énfasis, agrandando la cualidad del adjetivo o adverbio al que se añade. Una persona puede estar "cansá", pero si está "cansaíta" es que está muy cansada.
-ísimo
Intensificador que antecede al adjetivo para darle más énfasis, equivalente al superlativo. Es el equivalente peraleo al superlativo -ísimo (estás to tonto→ estás tontísimo). El superlativo latino entró en el castellano en el Renacimiento por influencia del italiano y del latín como un cultismo. En esa época el peraleo ya se había separado del castellano, por lo que las formas en -ísimo no entraron en el habla local, que continuó usando el to  como intensificador, aunque en tiempos recientes, por influencia del estándar, el superlativo español ha ido entrando en el peraleo, aunque sigue siendo poco usado. Para esa idea superlativa también es frecuente usar el mu duplicado (es una casa mu mu grande). Se usa en oraciones copulativas que se construyen con el verbo estar  colocado delante del atributo, con el que puede concordar en género y número (to, toa, tos, toas), aunque es más frecuente usarlo como forma invariable (to el mundo, to la gente) de modo que se puede decir "están toas tontas", pero es más frecuente escuchar "están to tontas". Esto ocurre porque "están toas tontas" es una frase ambigua, puede significar que estan tontísimas pero también puede significar que todas ellas, sin excepción, están tontas. Por el contrario la frase "están to tontas" sólo puede significar una cosa, que están completamente tontas.
-isteis
Terminación de la segunda persona del plural de pretérito perfecto simple (o pretérido indefinido) de cualquier conjugación.
-ito
Sufijos peraleos usados para formar el diminutivo --- El sufijo -ino para construir el diminutivo proviene del asturleonés y se usa desde Asturias y Cantabria hasta Extremadura, pasando por lo que era el antiguo Reino de León (León, Zamora y Salamanca). Está emparentado con el galaico-portugués -iño (escrito -inho en portugués). En Asturias y norte de León las formas -ino/-ina (hombrino, mujerina) conviven con -ín/-ina (portalín, casina), variantes que se incorporaron también al castellano. En Peraleda, y la mayor parte de Extremadura, no se usa el masculino -ín, sino el par -ino/-ina. Además, a diferencia del leonés, se utilizan, al menos en Peraleda, las formas castellanas, que en unas palabras sí y en otras no, insertan una C delante del sufijo (callejoncillo, ratoncine, cajoncito). El peraleo lo hace prácticamente en las mismas palabras que el castellano, con escasas excepciones (jardinillo). Así pues, en peraleo no se dice hombrino, ni pueblino, como en León o en Cáceres occidental, sino hombrecino o pueblecino. En cambio, sí se dicen sin C: perrina (perrita), vaquina (vaquita), gatino (gatito) o burrino (burrito), lo que muestra que el peraleo ha asimilado el prefijo -ino procedente de la parte leonesa de la provincia (la mitad occidental), pero manteniendo una morfología netamente castellana en todo momento, con cambio fonético, pero no paradigmático. Una prueba más de que nuestro dialecto no procede del leonés con influencias castellanas, sino que es claramente castellano, aunque tenga algunas influencias leonesas por contacto con las tierras occidentales. Sin embargo, en Peraleda se usaban poco las terminaciones típicamente castellanas con T castellana -ito/-ita con sustantivos (raramente se decía casita, sino casina). Las que sí se usaban bastante eran las formas, también castellanas -illo/-illa, de modo que sonaba normal decir perrillas, muchachillo, etc. Esto se debe a que cuando el peraleo se separó del castellano el sufijo -ito se usaba aún muy poco, mientras que el sufijo más común en castellano era por entonces -illo. Hasta los años 50 del siglo pasado el sufijo -illo era mucho más usado en Peraleda que en la actualidad, habiendo disminuido su uso en favor de -ino/-ine, y con un ligero aumento de -ito por influencia del estándar. También pueden coincidir ambas formas con significado diferente. Una casina es una casa pequeña, pero si una madre le dice a su hijo que se vaya para casa que es tarde, no sería raro oírla decir: "Amos, tira pa casita que ya es tarde". Nunca usaría casina en esa frase, porque remitiría al tamaño de la casa. Por otra parte, en Peraleda, a diferencia de Extremadura en general, conviven las formas de influencia leonesa en -ino/-ina con las variantes -ine/-ina, siendo para el masculino usadas las formas -ino e -ine. Tan normal suena decir cochecino como decir cochecine (perrine, gatine, muchachine, cachine...), lo que da a nuestro dialecto un color peculiar y diferente. Ese uso de -ine, aunque más escaso, lo encontramos también en los pueblos vecinos del Campo Arañuelo cacereño y toledano, y era muy frecuente en la vecina comarca de La Vera. Fuera de nuestra zona sólo lo hemos constatado en Cantabria, lo que resulta muy peculiar porque el asturleonés oriental se hablaba en Cantabria y en la parte occidental de Cáceres, pero es en la zona oriental, que no era leonesa, donde ha pervivido. Caso aparte merece la palabra chiquitito, que en Peraleda tiene varias formas, todas comunes: chiquenine, chiquenino, chiquinine, chiquinino. La forma chiquetín, tan conocida por el estribillo de la Jota de la Manzana ("Chiquetín, chiquetín / se quería casar / y quería vivir / a la orilla del mar...") no es una forma local, sino una mezcla del castellano chiquitín con el peraleo chiquenine. Esto demuestra que esa estrofa no fue compuesta originalmente en Peraleda, sino traída de fuera. De hecho, esa estrofa con ligeras variaciones, se encuentra por otras partes de España, incluida la versión que se canta al final de la famosa zarzuela La Rosa del Azafrán, estrenada en 1930 (ver aquí). Por lo tanto, el uso de las formas de diminutivo nos puede dar pistas sobre en qué momento el habla de Peraleda se separó del castellano estándar y nos permite establecer una hipótesis, aún provisional, atendiendo a estas razones: -En el castellano medieval el diminutivo se formaba con la terminación -uelo (pilluelo, ladronzuelo, arroyuelo) o con su variante en -ejo (calleja, Madrigalejo, Castillejo, Zarzalejo) o el que más se generalizó -iello→ -illo (perrillo, casilla, fuentecilla). No es hasta finales del siglo XV cuando se empieza a encontrar el sufijo -ito en la literatura, anque en el habla rural ya estaba generalizado desde mucho antes, tal vez desde finales del XIII o principios del XIV. -Puesto que en Peraleda era común el -illo medieval, pero no tanto la forma -ito, este hecho apunta a que nuestro dialecto se separó del castellano estándar en torno al siglo XIV como muy tarde, por lo que nos quedamos con -illo (y un poco de -ito, que luego se vería reforzado por la influencia del estándar). Posteriormente, las formas en -illo cambiaron la Ll por N, pasando a -ino, por influencia del diminutivo leonés, que se hablaba por esa época desde la Ruta de la Plata hasta Portugal. Aunque sólo nos afectó en ese cambio de LL a N sin trastocar el paradigma de uso del infijo -C- que se añade a algunas palabras, pero no a otras, pues continuamos usando en eso las reglas castellanas. - También nos entró de occidente el diminutivo masculino -ine, forma que luego desapareció en toda la zona leonesa de Cáceres pero que pervivió en nuestra zona. En la actualidad la forma -ine, aunque aún muy viva, está perdiendo vigencia (precisamente por considerarse más "del pueblo"). Además, por influencia del estándar, se usa cada vez más la forma -ito, aunque sigue sólo como tercera forma. El sufijo -illo, aún muy frecuente en la desaparecida generación de nuestros abuelos, casi ha dejado de usarse. Sobre las connotaciones de los sufijos peraleos:     1. -illo tiene valor diminutivo neutro, sólo expresa tamaño o cantidad pequeña (muchachillo, perrillas, burrillo, cochinillo, tejaíllo). Con algunas palabras se usa poco o nada (ovejilla, chimeneílla, esportilla). En algunos casos ya está lexicalizado, formando palabras propias sin idea ya de diminutivo (ganchillo, visillo, mesilla, bombilla, vasarilla, perilla, mantilla, palillo). Aparece como un sufijo en decadencia, al contrario que en Andalucía occidental donde sigue siendo el principal y el más productivo. En generaciones pasadas era muy común, aunque actualmente se usa bastante poco, excepto en palabras donde el sufijo está lexicalizado (mesilla, hebilla, zapatilla, etc.).     2. -ino también tiene un valor puramente diminutivo, aunque sí es totalmente productivo y se puede usar con cualquier palabra (zapatino, hombrecino, pajina, piedrina...)     3. -ine tiene valor diminutivo, como los anteriores, pero añade a menudo un valor emotivo positivo (afectivo, apreciativo o de orgullo), y al igual que el anterior no tiene límites de uso. Cualquier palabra puede utilizarlo (perrine, muchachine, librine, pantaloncines, etc.). Comparado con -ino, da impresión de mayor pequeñez (un bujerine parece más pequeño que un bujerino).     4. -ito funciona como en el estándar. Puede indicar tamaño pequeño o algo entrañable  (o ambas cosas), pero con este sufijo es difícil saber cuánto hay de uso autóctono (probablemente muy poco) y cuánto de influencia del estándar. En cualquier caso, lo que vemos en peraleo antiguo es que este sufijo casi siempre se usa con sentido emotivo, no para referirse a tamaño. De este modo un perrino (o un perrillo) es simplemente un perro pequeño y un muchachino un niño pequeño, pero un perrine es un perro probablemente pequeño hacia el que se siente cierto afecto o simpatía. Del mismo modo, un muchachine es normalmente un niño pequeño por el que se muestra cierto afecto o al que se valora positivamente (hacia ese niño o al menos hacia el concepto de niño pequeño), o simplemente enfatiza más la idea de pequeñez. Por este motivo es frecuente usar el diminutivo -ine/-ina para referirse a las crías de los animales (liebrina, conejine, gatine...) Una madre dirá "¡Ay mi muchachine, cuánto le quiero yo!", y sería mucho menos probable oir de ella un "¡Ay mi muchachino...!". Esa noción afectiva, no tiene por qué ir unida al tamaño. Lo mismo ocurre en el español estándar. Si alguien compra un enorme chalé en la sierra y habla de "la casita" que tiene en la sierra, no está diciendo que sea pequeña, sino que habla de ella con afecto, porque es "su casita". En peraleo no parece darse (al menos no con esa claridad) la separación entre pequeño y entrañable, de modo que el prefijo -ino se refiere sólo a algo pequeño, y con el prefijo -ine hace referencia a algo pequeño y probablemente entrañable. En cualquier caso, si la cosa es grande, no se usa ningún diminutivo por mucho que se sienta afecto hacia ella. Así pues "mi casita en la sierra" en peraleo sería algo así como "mi casa de la sierra".  En cuanto a la variante femenina, el sufijo -illa se corresponde en todo a lo dicho para -illo. Sin embargo, como -ina es el femenino tanto de -ino como de -ine, resulta que -ina puede usarse sólo como diminutivo (femenino de -ino), o con un uso diminutivo y afectivo al mismo tiempo (femenino de -ine). Esta especialización de matices entre -ino e -ine ha hecho posible que en Peraleda hayan sobrevivido las dos formas conviviendo casi en igualdad, en lugar de que -ine terminase por desplazar a -ino, o al menos arrinconarlo como acabó pasando con -illo. Las diferencias comentadas no son fijas y claramente separadas, es posible decir cochecine sin matiz afectivo alguno, o decir cochecino con orgullo, pero sí son tendencias marcadas que se cumplen en la mayoría de las ocasiones. Sufijo reduplicado: En español se puede intensificar el diminutivo mediante reduplicación del sufijo:-ito→ -itito (chico, chiquito, chiquitito)En peraleo existe la misma herramienta:-ine→ -inine (chico, chiquine, chiquenine), también con -ino.En español este doble diminutivo se encuentra solo en unas cuantas palabras (chiquitito, poquitito...). En peraleo se usa con muchas otras palabras que nunca lo harían en español, resultando muy enfático (chiquenine, poquinine, cerquinina, casinina, perrinina, gatinine).Con adverbios y adjetivos: Tanto en español como en peraleo el diminutivo se puede usar con adjetivos (cortito→ cortine, grandecito→ grandecine) y también con adverbios (prontito→ prontine, cerquita→ cerquina/cerquinina). Del mismo modo, tanto en español como en peraleo, hay muchas palabras que no admiten el diminutivo (edad→ *edadita, tarde→*tardito). En general, salvo raras excepciones, las palabras que no admiten diminutivo en español tampoco lo admiten en peraleo. Uso enfático (con adverbios y adjetivos solamente) Aquí es donde encontramos un uso abundante y muy peraleo del sufijo -ito/a. No expresa tamaño, sino énfasis, agrandando la cualidad del adjetivo o adverbio al que se añade. Una persona puede estar "cansá", pero si está "cansaíta" es que está muy cansada.
-ón
Sufijo aumentativo que indica proporciones muy grandes o exageradas. Este sufijo, que sólo hemos encontrado en Peraleda, ha sido siempre muy usado para indicar que algo es muy grande, a menudo exagerando. Hay palabras donde se usa con mucha frecuencia (pedráncano, pozáncano, piezáncano), pero en principio es posible usarlo con casi cualquier sustantivo (mesáncano, pezáncano), aunque no sea tan frecuente. La limitación que tiene es de tipo fonético. Al tener tres sílabas suele evitarse su uso con sustantivos de más de dos sílabas (como mucho tres), para no crear palabras excesivamente grandes (televisión→ televisionáncana). Por otro lado, como para añadir este sufijo hay que suprimir la vocal final de la palabra (libro→ libr-áncano), también se evita su uso cuando el resultado es difícil de asociar con la palabra original (boli→ boláncano podría derivar de bola).
-ón
Sufijo despectivo para formar insultos o señalar defectos. .
-ote
Sufijo aumentativo para indicar tamaño grande o intensidad. .
-udo
Sufijo con valor entre aumentativo y despectivo.
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