Casa do Bacalhau

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Diccionario Español (11 entradas)Juego
Español
Peralêo
Definición
-aco
Sufijo para formar aumentativos. Puede convertirse además en despectivo añadiendo el infijo -rr-, -rraco.
-azo
Sufijo para formar aumentativos. Puede convertirse además en despectivo añadiendo el infijo -rr-, -rraco.
-azo
Sufijo aumentativo para indicar tamaño grande (perro→ perrato, sol→ solato).
-azo
Sufijo aumentativo con el valor de -azo.
-illo
Sufijos para formar el diminutivo. El sufijo -ino para construir el diminutivo proviene del astur-leonés y se usa desde Asturias hasta Extremadura, pasando por lo que era el antiguo Reino de León (León, Zamora y Salamanca). Está emparentado con el galaico-portugués -iño (escrito -inho en portugués). En Asturias y norte de León las formas -ino/-ina (hombrino, mujerina) conviven con -ín/-ina (portalín, casina), variante que se incorporó también al castellano. En Peraleda, y la mayor parte de Extremadura, no se usa el masculino -ín, sino el par -ino/-ina, y además, a diferencia del leonés, utilizamos, al menos en Peraleda, las formas castellanas, que en unas palabras sí y en otras no, inserta una C delante del sufijo (callejoncillo, ratoncine, cajoncito). Lo hacemos practicamente en las mismas palabras en donde las inserta el castellano, con pocas excepciones (jardinillo), . Así pues, nosotros no decimos hombrino, sino hombrecino (como hombrecito) ni pueblino, como en León o en Cáceres occidental, sino pueblecino (como pueblecito), o suavecina (suavecita) y florecina (florecita). En cambio decimos sin C: perrina (perrita), vaquina (vaquita), gatino (gatito) o burrino (burrito), lo que muestra que hemos asimilado el prefijo -ino procedente de la parte leonesa de la provincia (la mitad occidental), pero manteniendo una morfología netamente castellana en todo momento, con cambio fonético pero no paradigmático. Esto es una prueba más de que nuestro dialecto no procede del leonés, con influencias castellanas, sino que es claramente castellano, aunque tenga algunas influencias leonesas por contacto con las tierras occidentales. Sin embargo, en Peraleda se usaban menos las terminaciones típicamente castellanas con T castellana -ito/-ita, de modo que raramente se decía casita, sino casina. Lo que sí se usaban bastante eran las formas, también castellanas -illo/-illa, de modo que sonaba normal decir perrillas, muchachillo, etc. Esto se debe a que cuando el peraleo se separó del castellano el sufijo -ito se usaba aún muy poco, mientras que el sufijo más común era -illo. Hasta los años 50 del siglo pasado el sufijo -illo era mucho más usado en Peraleda que en la actualidad, habiendo disminuido su uso en favor de -ino/-ine, y con un ligero aumento de -ito por influencia del estándar. También pueden coincidir ambas formas con significado diferente. Una casina es una casa pequeña, pero si una madre le dice a su hijo que se vaya para casa que es tarde, no sería raro oírla decir: "Amos, tira pa casita que ya es tarde". Nunca usaría casina en esa frase, que sonaría a tamaño. Por otra parte, en Peraleda, a diferencia Extremadura en general, convivían las formas de influencia leonesa en -ino/-ina con las variantes -ine/-ina, siendo para el masculino usadas las formas -ino e -ine, de modo que tan normal suena decir cochecino como decir cochecine (perrine, gatine, muchachine, cachine...), lo que da a nuestro dialecto un color peculiar y diferente. Ese uso de -ine, aunque más escaso, lo encontramos también en los pueblos vecinos del Campo Arañuelo cacereño y toledano, y era muy frecuente en la vecina comarca de La Vera. Caso aparte merece la palabra chiquitito, que en Peraleda tiene varias formas, todas comunes: chiquenine, chiquenino, chiquinine, chiquinino. La forma chiquetín, tan conocida por el estribillo de la Manzana (Chiquetín, chiquetín, se quería casar, y quería vivir a la orilla del mar...) no es una forma local, sino una mezcla del castellanol Chiquitín con el peraleo Chiquenine, lo que demuestra que esa estrofa no fue compuesta originalmente en Peraleda sino traída de fuera. De hecho esa estrofa, con ligeras variaciones, la encontramos por otras partes de España, incluida la versión que se canta al final de la famosa zarzuela de "La Rosa del Azafrán", estrenada en 1930 que puede ver aquí. Por lo tanto, el uso de las formas de diminutivo nos puede dar pistas sobre en qué momento el habla de Peraleda se separó del castellano estándar y nos permite establecer una hipótesis, aún provisional, atendiendo a estas razones: -En el castellano medieval el diminutivo se formaba con la terminación -uelo (pilluelo, ladronzuelo, arroyuelo) o con su variante en -ejo (calleja, Madrigalejo, Castillejo, Zarzalejo) o el que más se generalizó, con -iello>-illo (perrillo, casilla, fuentecilla). No es hasta finales del siglo XV cuando empezamos a encontrar el sufijo -ito en la literatura, pero en el habla rural ya estaba generalizado desde mucho antes, tal vez desde finales del XIII o principios del XIV. -Puesto que en Peraleda se usaba el -illo medieval pero poco el -ito, eso probablemente quiere decir que nuestro dialecto se separó del castellano estándar en torno al siglo XIV, por lo que nos quedamos con -illo (y un poco de -ito, que luego se vería reforzado por la influencia del estándar). Posteriormente, las formas en -illo cambiaron la ll por n, pasando a -ino, por influencia del diminutivo leonés, que se hablaba por esa época desde la Ruta de la Plata hasta Portugal, aunque sólo nos afectó en ese cambio de LL a N, pero sin trastocar el paradigma de uso del infijo -C- que se añade a ciertas palabras, pero no a otras, pues continuamos usando en eso las reglas castellanas. -En un estadio posterior, y por impulso meramente local, Peraleda cambia la vocal final y el masculino -ino pasa a ser -ine, aunque la forma anterior no llega a desaparecer sino que siguió siendo la más frecuente. Este cambio de vocal probablemente se dio en el siglo XV, pues por entonces no era rara la vacilación entre las vocales i/u y las vocales e/o. En la actualidad la forma -ine, aunque aún muy viva, está perdiendo vigencia (precisamente por considerarse más "del pueblo") y luego, por influencia del estándar, se está usando cada vez más la forma -ito, aunque sigue sólo como tercera forma. El sufijo -illo, aún muy frecuente en la desaparecida generación de nuestros abuelos, casi ha dejado de usarse. Sobre las connotaciones de los sufijos peraleos: 1 -illo tiene valor diminutivo neutro, sólo expresa tamaño o cantidad pequeña (muchachillo, perrillas, ventanilla, cigarrillo, burrillo, cochinillo, nubecilla, redecilla, piedrilla, aguilla, pantaloncillo, caminillo, pastorcillo, tejadillo). Con algunas palabras se usa poco o nada (ovejilla, chimeneilla, relojillo, puertilla). En algunos casos ya está lexicalizado, formando palabras propias sin idea ya de diminutivo (ganchillo, visillo, mesilla, bombilla, cuchillo, vasarilla, perilla, mantilla, palillo, bolsillo). Se nos muestra como un sufijo en decadencia, al contrario que en Andalucía occidental donde sigue siendo el principal y el más productivo. Nuestros abuelos lo usaban mucho, nosotros ya casi nada, excepto en palabras donde el sufijo está lexicalizado (mesilla, hebilla, zapatilla, etc.). 2 -ino tiene un valor también puramente diminutivo, aunque sí es totalmente productivo y se puede usar con cualquier palabra (zapatino, hombrecino, montañina, estrellina, pajina, librino, platino, borreguina, gurriatino, cochinino, piedrina...) 3- -ine tiene un valor diminutivo, como los anteriores, pero también añade a menudo un valor emotivo positivo (afectivo, apreciativo o de orgullo), y al igual que el anterior no tiene límites de uso, cualquier palabra lo puede utilizar (perrine, muchachine, librine, caminine, paline, puentecine, zapatines, pantaloncines, cajoncine, ratoncine, gatine, ojines). También, comparado con -ino, suele parecer más pequeño (un bujerine parece más pequeño que un bujerino). 4- -ito funciona como en el estándar, puede referirse a tamaño pequeño o a algo entrañable o a ambas cosas, pero con este sufijo es difícil saber cuánto hay de uso autóctono (probablemente muy poco) y cuánto hay de influencia del estándar. En cualquier caso lo que vemos en peraleo antiguo es que este sufijo casi siempre se usa con sentido emotivo, no para referirse a tañamo. De este modo un perrino (o un perrillo) es simplemente un perro pequeño y un muchachino es un niño pequeño, pero un perrine es un perro probablemente pequeño pero hacia el que siento cierto afecto o simpatía, igual que un muchachine es normalmente un niño pequeño por el que muestro cierto afecto o al que valoro positivamente (hacia ese niño o al menos hacia el concepto de "niño pequeño"), o simplemente enfatiza más la idea de pequeñez. Por este motivo es frecuente usar el diminutivo -ine/-ina para referirse a las crías de los animales (liebrina, conejine, gatine, perrine, cochinine, burrine...) Una madre dirá "¡Ay mi muchachine, cuánto le quiero yo!", y sería mucho menos probable oir de ella un "¡Ay mi muchachino...!". Esa noción afectiva, que no tiene por qué ir unida al tamaño. Es lo mismo que ocurre en el español estándar si yo me compro un pedazo de chalé de 20 habitaciones en la sierra y hablo de "la casita" que tengo en las montañas. No estoy diciendo que sea pequeña, pero hablo de ella con afecto, porque es "mi casita". En peraleo no parece darse (al menos no con esa claridad) la separación entre pequeño y entrañable, de modo que con el prefijo -ino nos referimos sólo a algo pequeño, y con el prefijo -ine nos referimos a algo pequeño y que además probablemente es para nosotros algo entrañable. En cualquier caso, si la cosa es grande, no usamos ningún diminutivo por mucho que sintamos afecto hacia ello, así que "mi casita en la sierra" en peraleo tendría que ser algo así como "mi casa de la sierra". Eso sí, pronunciado poniéndo énfasis en "casa" y abriendo las vocales más de lo normal para dejar entrever el orgullo que sentimos. En cuanto a la variante femenina, el sufijo -illa se corresponde en todo a lo dicho para -illo. Sin embargo, como -ina es el femenino tanto de -ino como de -ine, resulta que -ina puede usarse sólo como diminutivo (femenino de -ino), o con un uso diminutivo y afectivo al mismo tiempo (femenino de -ine). Esta especialización de matices entre -ino e -ine es lo que ha hecho posible que en Peraleda hayan sobrevivido las dos formas conviviendo casi en igualdad, en lugar de que -ine terminase por desplazar a -ino, o al menos arrinconarlo igual que acabó pasando con -illo. Por supuesto, las diferencias comentadas no son fijas y claramente separadas, es posible decir cochecine sin matiz afectivo alguno, o decir cochecino con orgullo, pero sí son tendencias marcadas que se cumplen en la mayoría de las ocasiones. Sufijo reduplicado: En español se puede intensificar el diminutivo mediante reduplicación del sufijo:-ito > -itito (chico, chiquito, chiquitito)En peraleo tenemos la misma herramienta pero con Ns en vez de con Ts:-ine > -inine (chico, chiquine, chiquenine), también con -ino.En español éste doble diminutivo sólo lo encontramos con unas cuantas palabras (chiquitito, poquitito...). En peraleo se usa con muchas otras palabras que nunca lo usarían en español, resultando muy enfático (chiquenine, poquinine, cerquinina, casinina, perrinina, gatinine).Con adverbios y adjetivos: Tanto en español como en peraleo el diminutivo se puede usar con adjetivos (cortito - cortine, grandecito - grandecine) y también con adverbios (prontito - prontine, cerquita - cerquina/cerquinina). E igualmente, tanto en español como en peraleo, hay muchas palabras que no admiten el diminutivo (edad>*edadita, tarde>*tardito). En general, salvo raras excepciones, las palabras que no admiten diminutivo en español tampoco lo admiten en peraleo. Uso enfático (con adverbios y adjetivos solamente) Aquí es donde encontramos un uso abundante y muy peraleo del sufijo -ito/a. No expresa tamaño, sino énfasis, agrandando la cualidad del adjetivo o adverbio al que se añade. De este modo una mujer puede estar "cansá", pero si está "cansaíta" es que está muy cansada.
-ísimo
Intensificador que antecede al adjetivo para darle más énfasis (estás to tonto).
-ito
Sufijos para formar el diminutivo. El sufijo -ino para construir el diminutivo proviene del astur-leonés y se usa desde Asturias hasta Extremadura, pasando por lo que era el antiguo Reino de León (León, Zamora y Salamanca). Está emparentado con el galaico-portugués -iño (escrito -inho en portugués). En Asturias y norte de León las formas -ino/-ina (hombrino, mujerina) conviven con -ín/-ina (portalín, casina), variante que se incorporó también al castellano. En Peraleda, y la mayor parte de Extremadura, no se usa el masculino -ín, sino el par -ino/-ina, y además, a diferencia del leonés, utilizamos, al menos en Peraleda, las formas castellanas, que en unas palabras sí y en otras no, inserta una C delante del sufijo (callejoncillo, ratoncine, cajoncito). Lo hacemos practicamente en las mismas palabras en donde las inserta el castellano, con pocas excepciones (jardinillo), . Así pues, nosotros no decimos hombrino, sino hombrecino (como hombrecito) ni pueblino, como en León o en Cáceres occidental, sino pueblecino (como pueblecito), o suavecina (suavecita) y florecina (florecita). En cambio decimos sin C: perrina (perrita), vaquina (vaquita), gatino (gatito) o burrino (burrito), lo que muestra que hemos asimilado el prefijo -ino procedente de la parte leonesa de la provincia (la mitad occidental), pero manteniendo una morfología netamente castellana en todo momento, con cambio fonético pero no paradigmático. Esto es una prueba más de que nuestro dialecto no procede del leonés, con influencias castellanas, sino que es claramente castellano, aunque tenga algunas influencias leonesas por contacto con las tierras occidentales. Sin embargo, en Peraleda se usaban menos las terminaciones típicamente castellanas con T castellana -ito/-ita, de modo que raramente se decía casita, sino casina. Lo que sí se usaban bastante eran las formas, también castellanas -illo/-illa, de modo que sonaba normal decir perrillas, muchachillo, etc. Esto se debe a que cuando el peraleo se separó del castellano el sufijo -ito se usaba aún muy poco, mientras que el sufijo más común era -illo. Hasta los años 50 del siglo pasado el sufijo -illo era mucho más usado en Peraleda que en la actualidad, habiendo disminuido su uso en favor de -ino/-ine, y con un ligero aumento de -ito por influencia del estándar. También pueden coincidir ambas formas con significado diferente. Una casina es una casa pequeña, pero si una madre le dice a su hijo que se vaya para casa que es tarde, no sería raro oírla decir: "Amos, tira pa casita que ya es tarde". Nunca usaría casina en esa frase, que sonaría a tamaño. Por otra parte, en Peraleda, a diferencia Extremadura en general, convivían las formas de influencia leonesa en -ino/-ina con las variantes -ine/-ina, siendo para el masculino usadas las formas -ino e -ine, de modo que tan normal suena decir cochecino como decir cochecine (perrine, gatine, muchachine, cachine...), lo que da a nuestro dialecto un color peculiar y diferente. Ese uso de -ine, aunque más escaso, lo encontramos también en los pueblos vecinos del Campo Arañuelo cacereño y toledano, y era muy frecuente en la vecina comarca de La Vera. Caso aparte merece la palabra chiquitito, que en Peraleda tiene varias formas, todas comunes: chiquenine, chiquenino, chiquinine, chiquinino. La forma chiquetín, tan conocida por el estribillo de la Manzana (Chiquetín, chiquetín, se quería casar, y quería vivir a la orilla del mar...) no es una forma local, sino una mezcla del castellanol Chiquitín con el peraleo Chiquenine, lo que demuestra que esa estrofa no fue compuesta originalmente en Peraleda sino traída de fuera. De hecho esa estrofa, con ligeras variaciones, la encontramos por otras partes de España, incluida la versión que se canta al final de la famosa zarzuela de "La Rosa del Azafrán", estrenada en 1930 que puede ver aquí. Por lo tanto, el uso de las formas de diminutivo nos puede dar pistas sobre en qué momento el habla de Peraleda se separó del castellano estándar y nos permite establecer una hipótesis, aún provisional, atendiendo a estas razones: -En el castellano medieval el diminutivo se formaba con la terminación -uelo (pilluelo, ladronzuelo, arroyuelo) o con su variante en -ejo (calleja, Madrigalejo, Castillejo, Zarzalejo) o el que más se generalizó, con -iello>-illo (perrillo, casilla, fuentecilla). No es hasta finales del siglo XV cuando empezamos a encontrar el sufijo -ito en la literatura, pero en el habla rural ya estaba generalizado desde mucho antes, tal vez desde finales del XIII o principios del XIV. -Puesto que en Peraleda se usaba el -illo medieval pero poco el -ito, eso probablemente quiere decir que nuestro dialecto se separó del castellano estándar en torno al siglo XIV, por lo que nos quedamos con -illo (y un poco de -ito, que luego se vería reforzado por la influencia del estándar). Posteriormente, las formas en -illo cambiaron la ll por n, pasando a -ino, por influencia del diminutivo leonés, que se hablaba por esa época desde la Ruta de la Plata hasta Portugal, aunque sólo nos afectó en ese cambio de LL a N, pero sin trastocar el paradigma de uso del infijo -C- que se añade a ciertas palabras, pero no a otras, pues continuamos usando en eso las reglas castellanas. -En un estadio posterior, y por impulso meramente local, Peraleda cambia la vocal final y el masculino -ino pasa a ser -ine, aunque la forma anterior no llega a desaparecer sino que siguió siendo la más frecuente. Este cambio de vocal probablemente se dio en el siglo XV, pues por entonces no era rara la vacilación entre las vocales i/u y las vocales e/o. En la actualidad la forma -ine, aunque aún muy viva, está perdiendo vigencia (precisamente por considerarse más "del pueblo") y luego, por influencia del estándar, se está usando cada vez más la forma -ito, aunque sigue sólo como tercera forma. El sufijo -illo, aún muy frecuente en la desaparecida generación de nuestros abuelos, casi ha dejado de usarse. Sobre las connotaciones de los sufijos peraleos: 1 -illo tiene valor diminutivo neutro, sólo expresa tamaño o cantidad pequeña (muchachillo, perrillas, ventanilla, cigarrillo, burrillo, cochinillo, nubecilla, redecilla, piedrilla, aguilla, pantaloncillo, caminillo, pastorcillo, tejadillo). Con algunas palabras se usa poco o nada (ovejilla, chimeneilla, relojillo, puertilla). En algunos casos ya está lexicalizado, formando palabras propias sin idea ya de diminutivo (ganchillo, visillo, mesilla, bombilla, cuchillo, vasarilla, perilla, mantilla, palillo, bolsillo). Se nos muestra como un sufijo en decadencia, al contrario que en Andalucía occidental donde sigue siendo el principal y el más productivo. Nuestros abuelos lo usaban mucho, nosotros ya casi nada, excepto en palabras donde el sufijo está lexicalizado (mesilla, hebilla, zapatilla, etc.). 2 -ino tiene un valor también puramente diminutivo, aunque sí es totalmente productivo y se puede usar con cualquier palabra (zapatino, hombrecino, montañina, estrellina, pajina, librino, platino, borreguina, gurriatino, cochinino, piedrina...) 3- -ine tiene un valor diminutivo, como los anteriores, pero también añade a menudo un valor emotivo positivo (afectivo, apreciativo o de orgullo), y al igual que el anterior no tiene límites de uso, cualquier palabra lo puede utilizar (perrine, muchachine, librine, caminine, paline, puentecine, zapatines, pantaloncines, cajoncine, ratoncine, gatine, ojines). También, comparado con -ino, suele parecer más pequeño (un bujerine parece más pequeño que un bujerino). 4- -ito funciona como en el estándar, puede referirse a tamaño pequeño o a algo entrañable o a ambas cosas, pero con este sufijo es difícil saber cuánto hay de uso autóctono (probablemente muy poco) y cuánto hay de influencia del estándar. En cualquier caso lo que vemos en peraleo antiguo es que este sufijo casi siempre se usa con sentido emotivo, no para referirse a tañamo. De este modo un perrino (o un perrillo) es simplemente un perro pequeño y un muchachino es un niño pequeño, pero un perrine es un perro probablemente pequeño pero hacia el que siento cierto afecto o simpatía, igual que un muchachine es normalmente un niño pequeño por el que muestro cierto afecto o al que valoro positivamente (hacia ese niño o al menos hacia el concepto de "niño pequeño"), o simplemente enfatiza más la idea de pequeñez. Por este motivo es frecuente usar el diminutivo -ine/-ina para referirse a las crías de los animales (liebrina, conejine, gatine, perrine, cochinine, burrine...) Una madre dirá "¡Ay mi muchachine, cuánto le quiero yo!", y sería mucho menos probable oir de ella un "¡Ay mi muchachino...!". Esa noción afectiva, que no tiene por qué ir unida al tamaño. Es lo mismo que ocurre en el español estándar si yo me compro un pedazo de chalé de 20 habitaciones en la sierra y hablo de "la casita" que tengo en las montañas. No estoy diciendo que sea pequeña, pero hablo de ella con afecto, porque es "mi casita". En peraleo no parece darse (al menos no con esa claridad) la separación entre pequeño y entrañable, de modo que con el prefijo -ino nos referimos sólo a algo pequeño, y con el prefijo -ine nos referimos a algo pequeño y que además probablemente es para nosotros algo entrañable. En cualquier caso, si la cosa es grande, no usamos ningún diminutivo por mucho que sintamos afecto hacia ello, así que "mi casita en la sierra" en peraleo tendría que ser algo así como "mi casa de la sierra". Eso sí, pronunciado poniéndo énfasis en "casa" y abriendo las vocales más de lo normal para dejar entrever el orgullo que sentimos. En cuanto a la variante femenina, el sufijo -illa se corresponde en todo a lo dicho para -illo. Sin embargo, como -ina es el femenino tanto de -ino como de -ine, resulta que -ina puede usarse sólo como diminutivo (femenino de -ino), o con un uso diminutivo y afectivo al mismo tiempo (femenino de -ine). Esta especialización de matices entre -ino e -ine es lo que ha hecho posible que en Peraleda hayan sobrevivido las dos formas conviviendo casi en igualdad, en lugar de que -ine terminase por desplazar a -ino, o al menos arrinconarlo igual que acabó pasando con -illo. Por supuesto, las diferencias comentadas no son fijas y claramente separadas, es posible decir cochecine sin matiz afectivo alguno, o decir cochecino con orgullo, pero sí son tendencias marcadas que se cumplen en la mayoría de las ocasiones. Sufijo reduplicado: En español se puede intensificar el diminutivo mediante reduplicación del sufijo:-ito > -itito (chico, chiquito, chiquitito)En peraleo tenemos la misma herramienta pero con Ns en vez de con Ts:-ine > -inine (chico, chiquine, chiquenine), también con -ino.En español éste doble diminutivo sólo lo encontramos con unas cuantas palabras (chiquitito, poquitito...). En peraleo se usa con muchas otras palabras que nunca lo usarían en español, resultando muy enfático (chiquenine, poquinine, cerquinina, casinina, perrinina, gatinine).Con adverbios y adjetivos: Tanto en español como en peraleo el diminutivo se puede usar con adjetivos (cortito - cortine, grandecito - grandecine) y también con adverbios (prontito - prontine, cerquita - cerquina/cerquinina). E igualmente, tanto en español como en peraleo, hay muchas palabras que no admiten el diminutivo (edad>*edadita, tarde>*tardito). En general, salvo raras excepciones, las palabras que no admiten diminutivo en español tampoco lo admiten en peraleo. Uso enfático (con adverbios y adjetivos solamente) Aquí es donde encontramos un uso abundante y muy peraleo del sufijo -ito/a. No expresa tamaño, sino énfasis, agrandando la cualidad del adjetivo o adverbio al que se añade. De este modo una mujer puede estar "cansá", pero si está "cansaíta" es que está muy cansada.
-ón
Sufijo despectivo para formar insultos o señalar defectos. .
-ón
Sufijo aumentativo que indica proporciones no grandes, sino enormes.
-ote
Sufijo aumentativo para indicar tamaño grande (perro→ perrato, sol→ solato).
-udo
Sufijo aumentativo-despectivo.
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