Historia de Peraleda 1: desde la prehistoria hasta el Renacimiento

Publicado el 19/07/2020 

Peraleda de la Mata es un pueblo de Cáceres que hoy se alza sobre las suaves lomas que conforman el cerro de La Cruz y el del barrio de El Rollo (aunque en tiempos antiguos se acurrucaba agazapado bajo la sombra de ambos), cerca de las tajadas del río Tajo, hoy embalsado en el pantano de Valdecañas. Se encuentra limítrofe con la provincia de Toledo y es la puerta de entrada a Extremadura por la A5, de no ser por una lengua de escasos metros de ancho que la lejana Talayuela interpone caprichosamente. Antaño llegó a ser el principal de entre los pueblos que formaban parte de la mancomunidad, como diríamos hoy, denominada Campana de la Mata. En el siglo XIX perdió definitivamente el protagonismo en favor de su vecina Navalmoral de la Mata. En el siglo XX, tras el enorme desastre económico y demográfico que supuso la inundación de sus tierras más fértiles por el pantano, ha logrado con éxito recuperarse y mantener una población de cerca de 1500 habitantes, con perspectivas, hasta ahora, más o menos estables, aunque el no distante cierre de la central de Almaraz hace hoy que su futuro sea incierto, como el de toda la Comarca.

Nota: la historia que vamos aquí a presentar es una historia provisional basada en los datos que tenemos en la actualidad. A medida que vamos consiguiendo más datos, confirmando unas teorías, derrumbando otras y hallando datos nuevos, el relato aquí contado irá también cambiando. De hecho ya lo hemos modificado varias veces y cada vez vamos logrando un poco más de precisión.

 

PREHISTORIA

El término de Peraleda es una de las estaciones paleolíticas más importantes de Extremadura, y también son numerosos los restos del Neolítico encontrados en sus alrededores. Una enorme cantidad de hachas y utensilios de piedra han sido hallados en la finca de las Coscojas y entre el Camino de la Copa y Guadalperal, ya en término vecino, los cuales se encuentran hoy diseminados por muchos museos y colecciones particulares, entre ellos Plasencia, Navalmoral, Alba de Tormes, Cáceres, Madrid y Munich. La mayoría son ejemplares de mucha calidad. Desafortunadamente (y vergonzosamente) en Peraleda no guardamos ninguno. También se han encontrado varios dólmenes y enterramientos, así como tumbas, berracos y otros artefactos de la época celta.

Pero los restos sin duda más destacados son el cercano monumento megalítico llamado el Dolmen de Guadalperal o más popularmente “El Tesoro de Guadalperal”, con una antigüedad entre 5000 y 7000 años, lo que podría en el mejor de los casos meterlo en el grupo de las construcciones más antiguas del mundo. Se trata de una agrupación circular de menhires que antaño sujetaban una bóveda y estaba rodeado y cubierto por un gran túmulo de piedras. Hoy todo el complejo está sumergido bajo el pantano, aunque sale frecuentemente a la luz cada vez que las aguas bajan, lo que acelera su deterioro. El Dolmen fue descubierto entre los años 1925 y 1927, por el alemán H. Obermaier, sacerdote y arqueólogo, en una de las temporadas que pasaba en la finca como invitado del Duque de Peñaranda. Excavó el túmulo y dejó al descubierto el gran esqueleto del dolmen, que es lo que se puede ver ahora como un enorme anillo de piedras cuárcicas rodeando sus 114 menhires graníticos, muchos de los cuales aún se mantienen en pie a pesar de la incesante acción de las aguas. Actuaba como enterramiento y centro ceremonial, entre otras cosas, guardando el paso del vado del río Tajo desde lo alto de un profundo barranco, hoy desmoronándose, desde donde se divisaba toda la zona del río. En la orilla opuesta habría probablemente otras construcciones que evolucionaron hasta convertirse en la ciudad de Augustóbrica, hoy también bajo el agua.

Parecido a esto sería el Dolmen de Guadalperal originalmente

A la bóveda interior se accedía a través de un corredor, y al final de este corredor, justo a la entrada de la cámara, se encontraba una estatua-menhir, una gran piedra de 2 metros con forma vagamente antropomorfa y tallada con cazoletas (agujeros) y una línea ondulada que los expertos han identificado con una serpiente. Y aquí está probablemente el elemento más interesante de todos, pues esa supuesta serpiente parece ser más bien un mapa del río Tajo a su paso por la zona, justo desde la desembocadura del afluente Gualija hasta la del siguiente afluente, el Ibor. Esto lo convertiría posiblemente en el mapa realista más antiguo del mundo, algo que ha causado bastante controversia entre los expertos. Pero si comparamos la línea del menhir con el mapa real del Tajo veremos que la coincidencia es asombrosa. Hay que tener en cuenta que se trata de un trazado hecho de memoria y que algunas partes del curso del río, por estar en zona abierta, han podido variar con el paso de los milenios, pero aun así sigue siendo perfectamente reconocible. También es significativo que la línea represente justo el trozo del río que queda entre ambos afluentes, como si esos fueran los límites del territorio que controlaba este pueblo, aunque sin duda una obra titánica de semejante complejidad para la época tuvo que haber sido un esfuerzo colectivo de toda la zona.

Los números marcan cada curva que el río da hacia la izquierda

Es curioso cómo la tradición puede mantener el recuerdo de las cosas durante siglos, pues en ese lugar conocido siempre como “El Tesoro”, los romanos excavaron buscando eso, un tesoro, y los arqueólogos alemanes encontraron bajo el centro un verdadero tesoro de piezas paleolíticas y neolíticas. Como no es difícil suponer, hoy en día buena parte de ese "tesoro" se guarda en un museo alemán y el resto tal vez en Madrid. Nuestra asociación, Raíces de Peralêda, luchó durante meses en el 2019 -aprovechando su total reaparición por la cruda sequía- para intentar que el dolmen fuese rescatado de las aguas. A pesar de lograr una increíble repercusión internacional, sólo consiguió la promesa de que lo estudiarían a fondo y en el futuro, tal vez, se mirase qué hacer con ello. Hoy en día, gracias a esa difusión, se ha convertido en el dolmen más conocido internacionalmente sólo por detrás del Stonehenge inglés.

 

¿POR QUÉ EN ESTE LUGAR?

Situación de Peraleda dentro de la provincia de Cáceres
Situación de Peraleda dentro
de la provincia de Cáceres

Peraleda nació en un cruce de caminos y desde su origen toda su historia ha estado ligada a este fenómeno y marcada por él, tanto para bien como para mal. A primera vista hoy parece extraña su situación, pues al estar justo sobre la línea divisoria entre las cuencas del Tajo y del Tiétar, no es fácil encontrar pozos potables ni pueden pasar por aquí arroyos, lo que hacía la vida cotidiana complicada. Pero es que precisamente el hecho de no tener agua es lo que daba al lugar su condición estratégica. Entre el Sistema Central y los Montes de Toledo, la línea divisoria de las cuencas es el único corredor seco que podemos encontrar. En una época en la que no había puentes, los ríos debían cruzarse con barcas y los arroyos, según su tamaño, podían suponer desde una molestia hasta un peligro, sobre todo en época de lluvias. Por eso una zona como la nuestra, sin corrientes de agua y relativamente llana, era el lugar más natural para pasar un camino. Esto convirtió a nuestras lomas en el paso ideal para las comunicaciones entre el centro de la península y el Atlántico.

Pero esta situación, común a toda la línea divisoria, no habría sido tan estratégica de no juntarse, además, con otra vía natural de comunicación, esta vez norte-sur. El río Tajo va encajonado en casi todo su recorrido, añadiendo a la propia barrera de las aguas la de las abruptas pendientes de sus orillas. Funciona de manera parecida a como lo hace el foso de un castillo medieval y por tanto suponía antiguamente una barrera casi insalvable entre el norte y el sur del occidente peninsular.  No obstante hay varios puntos en su recorrido (distantes entre sí unos 30 kms) en donde cruzar el río es más sencillo porque el río se “desencajona” o porque sus orillas se estrechan tanto que el tramo a cruzar es muy pequeño, como ocurre con el llamado “Salto del Gitano” en Monfragüe o el vado de Almaraz, en donde Carlos V mandó construir un puente (antes se cruzaba con barcas). Pero en realidad esos sitios deberían llamarse “pasos”, y al ser allí el cauce del río más estrecho también es más profundo y sus corrientes más peligrosas; lugares perfectos para construir un puente pero no tanto para cruzarlo sin él. Lo que propiamente podemos llamar “vado” (o sea, pasos con poca profundidad) es lo contrario a eso, son puntos en los que el río se “desencajona”, formando pendientes suaves al tiempo que el cauce se ensancha y por tanto pasa más lento y es menos profundo. Uno de esos pocos puntos está precisamente al sur de nuestro pueblo: el Vado de Alarza, que desde la antigüedad fue un punto clave de comunicaciones y es lo que hizo que Peraleda esté donde está.

La zona más clara marca las tierras hoy sumergidas por el pantano
La zona más clara marca las tierras hoy sumergidas por el pantano

El Vado de Alarza en Peraleda y el de Azután en el actual Puente del Arzobispo eran sitios donde en la época seca se podía “vadear” el río, o sea, cruzarlo andando o a caballo sin miedo a que la corriente te arrastrara. En época de lluvias, no obstante, el río bajaba crecido y era necesario cruzarlo en barca. Cuando ya en tiempos recientes se construyó el puente viejo de Bohonal a Peraleda (un poco más arriba que el actual), los talaverinos que iban a Navalmoral a vender sus productos preferían cruzar el vado en barca y atravesar Peraleda por el llamado Camino de los Talaverinos antes que tener que dar el gran rodeo de bajar hasta el puente, lo que muestra que el paso por el vado era el paso natural para un carril de comunicaciones que antiguamente no pasaba, como hoy, por Bohonal, sino por Talaverilla.

Al ser este uno de los pocos pasos obligados entre el norte y el sur, resulta lógico que allí hubiera desde tiempos prehistóricos un asentamiento humano que prosperó grandemente debido a su situación estratégica. Con los celtas era ya una de las ciudades más importantes de la región. Los romanos la llamaron Augustóbriga, y nosotros Talaverilla. Bajo los romanos se convirtió en una de las ciudades más importantes de la Lusitania. Pero su posición estratégica, que la permitía florecer en épocas de paz, era también un gran problema en tiempos de guerra, pues los ejércitos tenían que atravesar el vado cada vez que subían o bajaban. Por eso Augustóbriga, si es que acaso sobrevivió a la invasión árabe, ciertamente no logró sobrevivir a los largos siglos en que toda la zona entre Gredos y el Tajo fue “tierra de nadie”, con continuos ataques desde la zona musulmana a la cristiana y viceversa (a menudo cruzando justo por aquí). Finalmente la población de la zona tuvo que refugiarse en la cercana fortaleza de Alija y sólo en el siglo XV, cuando la amenaza árabe desapareció del todo, los habitantes de Alija se asentaron de nuevo en aquel extraño lugar amurallado y lleno de imponentes ruinas antiguas, al que por ello llamaron Talavera la Vieja (que desde entonces fue siempre su nombre oficial). Y se asentaron allí, una vez más, porque era muy cómodo y rentable vivir justo en el punto en el que había que cruzar el Tajo.

Por todo esto no sorprende nada que el historiador Eduardo Sánchez Moreno, al intentar reconstruir la ruta que usó el famoso general cartaginés Aníbal Barca para subir al norte a atacar a Helmántica (Salamanca), considere casi seguro que utilizó uno de estos tres vados: Alconétar, Alarza o Azután. Por lo tanto, es posible que los imponentes ejércitos de Aníbal y sus elefantes patearan el camino de Peraleda en busca del Puerto del Pico o el Puerto de Vallejera, junto a Béjar, antes de conquistar la ciudad de Salamanca y seguir camino a Roma.

Si estratégica era la orilla sur del vado, igual de estratégica sería su orilla norte, o más aún, pues en esa orilla (la nuestra) se encontraba una zona húmeda de tierra muy fértil formando una vega (una de las poquísimas que hay a la orilla del Tajo en todo su recorrido). Era la famosa Vega de Alarza, llamada entre nosotros “la Vega Alarza” (hoy bajo el agua del pantano igual que Talaverilla). Pero Peraleda no nace junto a este importante vado (aunque sí a su sombra), sino un poco más al norte, alejada del río, del agua y de las tierras fértiles, y a cambio se asienta justo en el punto en el que esa ruta norte-sur corta el corredor este-oeste, o sea, en un cruce de caminos, lo que favorece el comercio y los servicios por encontrarse con el doble de clientela y el doble de salidas (que se lo pregunten si no a la Navalmoral actual).

 

LA DOBLE RUTA HORIZONTAL

Un detalle importante a tener en cuenta en este cruce de caminos es la doble ruta horizontal. Desde antiguo, las vías de comunicación que vienen del centro pasan más o menos siguiendo las faldas de los Montes de Toledo, pero al llegar a nuestra zona hay dos posibilidades, ambas con sus pros y sus contras:

RUTA A- Calzada de Oropesa - Peraleda - Valdehúncar - Belvís - Almaraz: Todos estos pueblos tienen en común que están situados en la línea divisoria de aguas. Su ventaja es que no hay que atravesar arroyos ni torrenteras, lo que hace el tránsito más cómodo y seguro y también evita que los caminos se deterioren fácilmente. Además, este camino es el más corto y más recto. ¿Inconvenientes? sólo uno, que de Belvís a Almaraz hay una importante cuesta. Si trazamos una línea recta entre Peraleda y Belvís veremos que pasa justo por Valdehúncar, lo que quiere decir que este pueblo nació en ese punto porque justo por allí pasaba el camino, igual que ocurrió con Belvís. Y era un camino totalmente recto.

RUTA B- Calzada de Oropesa - Navalmoral - Almaraz: Tiene el inconveniente de que es más largo y, sobre todo, de que había que atravesar muchos arroyos (sin puentes). Sólo entre Valparaíso y Navalmoral, el camino atraviesa 6 corrientes de agua, y en al menos 3 de ellas sería muy necesario un puente que no existía. Pero el principal obstáculo es el paso del arroyo de Santa María, que especialmente en invierno podía llevar mucha agua (antes más que ahora) y era peligroso, originando, según cuentan las crónicas, muertes y pérdidas de mercancías.

Ambas rutas existían como alternativas a un mismo camino, y como vemos, el principal factor a considerar era el arroyo de Santa María. Un puente allí disminuiría la ventaja de la ruta por Peraleda. El que se favoreciera una u otra ruta tuvo consecuencias enormes para Navalmoral y para Peraleda. En siglos recientes, tanto el trazado del Camino Real como el de la vía férrea e incluso más recientemente el de la autovía, dudaron mucho entre ambas alternativas. Es necesario tener bien presente este factor para comprender toda la historia que vamos a contar.

 

APARICIÓN DE PERALEDA

Por su condición de tierra de frontera durante la Reconquista, la zona permaneció en gran parte despoblada durante varios siglos, y no fue hasta los siglos XII, XIII y XIV cuando empiezan a fundarse pueblecitos por nuestra zona de entresierras. Sin embargo siempre hubo restos de población local, por lo que es difícil saber si Peraleda aparece con esos nuevos núcleos o, como también es probable, de algún modo ya existía antes, aunque sólo fuera en planta despoblada, pudiendo ser de origen vetón o romano, pues ambos han dejado restos abundantes por la zona. Sería un caso como el de Valparaíso, que apareció en la Edad Media pero se creó sobre los restos de un poblado romano anterior. Veamos muy someramente varias hipótesis, todas ellas condicionadas por las comunicaciones.

1- PERALEDA CELTA

Puesto que el cruce de caminos norte-sur y este-oeste se basa en fenómenos geológicos naturales, ya desde antes de los romanos nuestra actual situación sería estratégica y pudo haber por aquí primitivos caminos o simplemente zona de paso. Abundan en nuestra zona los restos arqueolíticos celtas. Aunque los celtas preferían levantar sus castros sobre cimas y lugares escondidos, por motivos de defensa, no sería tampoco del todo extraño que en un punto estratégico tuvieran algún tipo de asentamiento para aprovecharse de sus ventajas. El actual callejero de Peraleda sugiere que se expandió a partir de una planta circular que aún se conserva. Este círculo podría haber sido un primitivo asentamiento de chozas rodeado de una empalizada de piedra (poco probable porque no hay piedra en los alrededores), madera o tierra, y esto también es compatible con un origen vetón (los celtas que habitaban nuestra zona).

2- PERALEDA ROMANA

Los restos romanos encontrados alrededor de nuestro pueblo son abundantes: fuente, puente, calzada, necrópolis, villa, tumbas, monedas, etc. La hipótesis de un origen romano de nuestro pueblo sería más probable que la anterior, pues la historia, la arqueología y la geología se juntan para hacer más que probable la existencia de una calzada o camino que bajaría de la zona de Ávila, por la Vera y desde Losar vendría a cruzar el río Tajo por el antiguo puente romano de Augustóbriga, dejándonos el actual puente de Valparaíso (aunque algunos dudan de si es romano o posterior) y los restos de la calzada que pasa por el camino que llamamos "la Colá". Esta calzada se uniría en Peraleda con la calzada principal, la que iba de Mérida a Toledo y que también cruzaba el Tajo por el puente de Augustóbriga.

Precisamente la inexistencia de un puente romano en Talaverilla es lo que siempre ha llevado a los historiadores a descartar que la calzada de Augustóbriga cruzase el río hacia Peraleda, pero ese impedimento se debilitó mucho cuando descubrimos el libro "Estremadura" (con S), escrito en 1798 por el erudito Tomás López, geógrafo del rey, en el cual se habla de las excavaciones que había realizado Hermosilla, que entre otras cosas descubrió en la margen derecha del Tajo grandes sillares que según él mismo afirma debieron pertenecer a los cimientos de un antiguo puente de factura romana. Por lo tanto ya es muy difícil seguir negando la existencia de esa calzada en suelo peraleo. A principios de siglo todavía se veía hacia Guadalperal los restos de una calzada (dato que no podemos demostrar pero de lo cual hemos recibido testimonios) que podría ser del tramo que iba desde Peraleda hasta Calzada de Oropesa.

Templo de Augustóbriga, hoy salvado de las aguas

Por otro lado existía una calzada que iba de Mérida a Toledo pasando por Trujillo y que seguía el corredor del Tajo. Como siempre, tenemos en nuestra zona las dos posibilidades, o bien pasaba por la Ruta A o bien por la Ruta B. Si suponemos que iba por la Ruta B (por Navalmoral), entonces esa calzada pasaría un poco más al norte de Peraleda y cortaría la calzada que viene de la Vera a la altura de Valparaíso, así que en poco espacio se producían dos cruces importantes, en uno de ellos sabemos que apareció Valparaíso y en el otro bien pudo haber aparecido en esta época Peraleda o su predecesora romana.

Pero por lógica, la ruta más probable sería la Ruta A, así que apostamos claramente por que las tres calzadas se juntaron en Peraleda y eso explicaría más fácilmente su antigua planta redonda y la inusual orientación de sus cuatro puertas, que no se orientan a los puntos cardinales como sería lo normal. Las fundaciones formales de los romanos casi siempre eran de planta cuadrada, pero no en el caso de que el poblado surgiera espontáneamente alrededor del cruce, sin planificación, más bien por agregación de gentes que se van asentando en la encrucijada, y sólo posteriormente se construyera en algún momento una empalizada circular de madera o adobe para protegerlo. Por otro lado esta conclusión significaría que el poblado romano sobre el que luego se asentó Valparaíso no surgió en un cruce de caminos, al menos no el principal. Así pues, el recorrido de calzadas por Peraleda muy probablemente sería el de la Ruta A de la imagen siguiente, lo cual evitaría a los romanos el problema de tener que sortear con puentes de piedra o madera un montón de arroyos que por aquí no hay y explicaría mucho mejor nuestro antiguo trazado urbano.

La idea de que la calzada este-oeste pudiera pasar por Peraleda puede sonar descabellada, pues todos sabemos que su trazado coincidía más o menos con el de la carretera nacional V y por lo tanto pasaba por Navalmoral. Pero ¿de dónde ha salido esta idea? Sabemos que la calzada bajaba por el puerto de Miravete, junto a Albalat, y pasaba luego por Calzada de Oropesa, pero lo único cierto es que no sabemos en absoluto por dónde transcurría exactamente. Al contrario de lo que hoy se piensa, eran muchas las calzadas romanas que estaban hechas de tierra apisonada (las llamadas “via terrae”), y muchos de sus puentes se hacían de madera, así que no es extraño si de algunas calzadas no queda ni rastro y los historiadores a veces no se ponen de acuerdo en si tal calzada pasaba por aquí o cincuenta kilómetros más abajo. Nuestra apuesta por un trazado pasando por Peraleda tampoco se funda en evidencias, pero sí en la pura lógica: unir dos puntos por el trayecto más corto posible (si la orografía lo facilita) y evitar también en lo posible ríos y arroyos. Así pensaban los ingenieros romanos y así lo asumimos nosotros. La bajada del puerto cruzaría el río Tajo por el sitio más indicado para ello, Almaraz, y si desde ahí trazamos una línea recta hasta Calzada, nos encontramos con los pequeños cerros de Navalmoral. La zona más cómoda para cruzarlos era subiendo la cuesta donde hoy se alza Belvís, y ya desde allí hasta Calzada en línea recta, pasamos justo por Vadehúncar y Peraleda. Todo tiene mucho más sentido que la suposición de que para evitar subir una cuesta los romanos abandonaron su legendaria línea recta para dar un rodeo más largo por Navalmoral atravesando arroyos, cuando no es eso lo que vemos en los trazados típicos de las calzadas romanas. Por otro lado, si una larga línea recta era lo normal en el diseño viario romano, no sería el caso de haber sido un posterior camino medieval, pues los medievales no tenían ni el interés ni posiblemente la tecnología para diseñar caminos que fueran perfectamente rectos durante millas, tal como la localización de los pueblos desde Belvís a Calzada demuestran. Si la calzada principal tenía otros ramales o incluso caminos privados que iban a ciertas villas romanas (casonas de campo) tampoco sería raro, e igualmente no es descartable que ya en esa época existirera también una Ruta A y otra Ruta B.

En caso de que la planta originaria de Peraleda fuese un poblado de origen romano, como ocurre con Valparaíso, hay un antiguo diccionario etimológico* que apunta un posible origen latino (tomado del griego) para el nombre de nuestro pueblo. Vendría del verbo griego "peristellco", que significa "decorar", y fue latinizado dando lugar en diversas zonas a topónimos como: Perestelada, Peraleda, Petalada o Perelada, que significaría algo así como "la bien adornada". Incluso en el supuesto de que la población desapareciera, el nombre de la localidad, castellanizado, permanecería para designar la zona, como a menudo sucede, lo que explicaría su supervivencia en nuestro nombre medieval de "Dehesa de la Peraleda", pues la zona ya tenía ese nombre antes de ser poblada. Al fin y al cabo por esta zona nunca abundaron los perales.

*Tomado del "Diccionario geográfico-histórico de la España antigua tarraconense, bética y lusitana, con la correspondencia de sus regiones, ciudades, etc., á las conocidas en nuestros días". Un título bien largo pero así se las gastaban antes.

3- PERALEDA ÁRABE

El origen árabe de Peraleda es muy poco probable, pero no imposible. Durante los siglos que la zona de entresierras fue "tierra de nadie", no permaneció del todo despoblada. Además de algunos antiguos núcleos que malamente resistieron estos años difíciles, los mismos cristianos y árabes crearon puntos defensivos para controlar mejor al enemigo, algunos puntos fueron fortificados, pero otros fueron simplemente avanzadillas para obtener información, algo así como "nidos de espías". Estas fundaciones árabes aparecieron a lo largo de la frontera del Tajo, como por ejemplo Almaraz, Albalat o Alija (junto a Talaverilla), o la misma Puebla de Naciados, que significa precisamente “poblamiento de espías”. Este origen árabe tendría a su favor la extraña declaración de Don Francisco de Paula, en su libro España Geográfica, de 1845, en donde hablando de nuestro pueblo dice:

Su fundación es posterior á la época de los sarracenos [=árabes], de cuya época tiene algunos restos en las fachadas de varias casas.

Esta afirmación sugiere que el núcleo actual se pudo haber refundado sobre los restos de un destruido núcleo árabe. Claro que si fuera de origen celta o romano también podría posteriormente haber sido conquistada y habitada por árabes. O puede que los restos sarracenos que ese señor vio en nuestro pueblo fueran construidos por algunos moriscos desterrados del Reino de Granada tras la rebelión de 1570, parte de los cuales fue enviado a las tierras de Plasencia. Desde allí les distribuyeron por toda la zona, aunque según los registros ninguno fue enviado a nuestra zona. Debió entonces ocurrir que algunos de ellos, por su cuenta y riesgo, decidieron venirse a vivir a Peraleda, porque en las partidas de bautismo de nuestra parroquia aparecen hijos de moriscos, así que haberlos aquí los hubo, aunque oficialmente no constara.

Restos árabes en Albalat
Restos árabes en Albalat

La principal prueba en contra de un asentamiento árabe en Peraleda es que no hay restos arqueológicos de ello. Pero si utilizáramos eso como base para negar la posibilidad de un antiguo poblamiento rural pequeño, entonces de no haber sido por sus iglesias de piedra, hoy en día no quedaría resto alguno visible para demostrar que Valparaíso, Malhincada o incluso Torviscoso (despoblado hace menos de un siglo) alguna vez existieron, salvo por documentos. Las casas de adobe desaparecen sin dejar rastro, y si hay algo de construcción en piedra, posteriormente se aprovechan las piedras para otras cosas.

En la época de “tierra de nadie”, siglos X-XII, los árabes se moverían por la parte sur del Tajo, mientras la zona norte estaría en buena parte despoblada hasta la montaña, pero el asentamiento de árabes anterior a esa época está más que probado a nuestra parte del Tajo por topónimos árabes como Albalat, Almaraz y Alarza (Guadalperal no está claro). Albalat y Almaraz fueron plazas fortificadas, y aunque de Albalat quedaron muy pocos restos árabes, casi nada, actualmente excavaciones arqueológicas están desenterrando los cimientos de una importante población. Almaraz, por el contrario, pasó a manos cristianas y continuó poblado, no quedando en el pueblo rastro alguno de su pasado árabe, ni siquiera del castillo, hasta el punto de que se duda si el asentamiento árabe estaba o no en el mismo lugar que el pueblo actual.

Otro dato a favor de esta hipótesis se deriva de la conocida prohibición que los árabes tienen de comer cerdo. En Peraleda casi todo el territorio estaba cubierto por dehesa o bosque de encina. El único aprovechamiento de estos bosques, además de su madera, es el de la cría de cerdo ibérico de bellota. Eso está muy bien para nosotros pero para los árabes, que no podían comer cerdo, las encinas no tenían valor. Si bien la bellota también se ha utilizado para el consumo humano (sobre todo en épocas de carestía) y de otros animales como la oveja, los testimonios andalusíes revelan el poco interés que los árabes tenían por la encina y sus frutos, lo que se refleja en comentarios como este de Ibn Hazm en el siglo XI:

Por ser las bellotas de sustancia gruesa, seca y algo fría, obstruyen el hígado. Sólo se comen si es tiempo de necesidad (de Ibn Hazm, 7; I-259, 260)

Aparte de algún uso medicinal de su corteza, los textos árabes de la época no dan más usos a la encina, advirtiendo, eso sí, que las bellotas son demasiado astringentes y que dañan al hígado. Lo que solían hacer en casos como el nuestro era talar las encinas en los alrededores del pueblo y crear un cinturón de olivos, para luego poder vender el aceite. Y eso mismo es lo que vemos en nuestro pueblo, que está (o al menos estaba hasta no hace mucho) rodeado por todas partes por un cinturón de olivares y fuera de ese cinturón casi no hay, si bien es cierto que otras poblaciones posteriores también copiaron esa idea.

De haber sido Peraleda habitada por árabes y luego pasar a manos cristianas tras una época de despoblación, no sería nada extraño que las huellas árabes hubieran desaparecido del todo, igual que finalmente también desaparecieron esos restos islámicos que mencionaba D. Francisco de Paula. Por lo tanto la fundación árabe es muy poco probable pero no del todo descartable. En cualquier caso, sea por influencia directa o indirecta, a ellos debemos una de nuestras cosas más típicas: los pestiños y las floretas, así como el uso del adobe y la teja árabe en nuestras casas.

4- PERALEDA MEDIEVAL

Sobre lo que pudo haber antiguamente en el lugar donde hoy se alza Peraleda son sólo conjeturas. Pero la Peraleda histórica, entendiendo por historia la aparición en registros escritos, aparece en la Edad Media. Los pastores de las tierras de Ávila bajaban en invierno a nuestras tierras buscando pastos mejores, marchándose de nuevo en verano. Para pasar la invernada se asentaban en chozas o cabañas que usaban en los meses de invierno y dejaban abandonadas en los de verano. Lo mismo siguieron haciendo cuando se repobló La Vera, siendo luego principalmente los veratos los que usaban nuestras tierras para pasto de sus ganados. Con el tiempo, algunos fueron quedándose el año entero, y así aparecieron pequeñas alquerías (caseríos) que posteriormente se aprovecharían durante la repoblación para asentar nuevos colonos y hacerlos crecer, lo cual fue el origen de buena parte de los pueblos de nuestra comarca. Puesto que en la época medieval aún estaban más o menos en buenas condiciones las calzadas romanas, tampoco sería de extrañar que estos pastores abulenses o veratos se asentaran en los restos de un antiguo poblado, aunque sólo fuera porque el lugar parecía el mejor para asentarse, estaban bien comunicados y podían acceder con facilidad a los pastos de los cuatro puntos cardinales. Pero a diferencia de la mayoría de los pueblos de alrededor, Peraleda no surge de forma espontánea, sino planificada.

En el año 1276, el rey Alfonso X el Sabio concede a Domingo Velasco, escribano de la Cámara Real, una dehesa en el término de Plasencia, con la orden de poblarla. La carta del rey se inicia con estas palabras:

Don Alffonsso por la gracia de dios Rey de Castiella de Toledo de Leon de Gallizia de Sevilla de Cordova de Murcia de Jahen et del Algarbe. Avos don Marcos et avos Domingo salvador de Plazencia Salut et gracia. Sepades q Domingo velasco mio escrivano me dixo que non avie deffesa ninguna en que criasse sus ganados et pidio me merced que gela mandasse dar en la Peraleda cerca del heredamiento delas ocho yugadas quele mando dar el Conçeio de Plazencia quele yo confirme por mi carta abierta et que gela diessedes vos por mio mandado. Et yo por le fazer merçed et por mucho servicio que me fizo et me faze tovelo por bien.

En ese momento sólo había en la dehesa un habitante, originario de la comarca de La Vera, Domingo Alfonso de Jarandilla, así que podemos decir que el primer peraleo documentado, al menos de la era moderna, fue un verato, y los veratos siguieron siendo durante tiempo pobladores de nuestro pueblo, tal como vemos por ejemplo en un documento de 1431 donde se nos dice que había veratos de Jarandilla y Valverde con doble residencia y explotaciones "en Torviscoso, y en la Corcha, y en Valparaíso, y en la Mata, y en la Peraleda, y en el Arroyo Casar, que es jurisdicción y término de la dicha ciudad [de Plasencia], y que viven allí la mayor parte del año, que pechan [= pagan impuestos] en los dichos lugares de los señoríos". Algunos cálculos señalan que casi el 8% de los habitantes de la Campana de la Mata (que incluía entonces a Peraleda) eran gente de Jarandilla con doble residencia aquí.

Pero aunque puede que nuestros primeros pobladores vinieran principalmente de La Vera, La Peraleda de hoy apareció, como hemos visto, como un señorío hereditario desgajado temporalmente del Concejo de Plasencia y confirmado luego por Sancho IV. Por eso en su fundación se la llama “Heredamiento de Peraleda”, siendo éste el nombre que recibía el lugar, tal vez por el río de la Peraleda (luego llamado arroyo del Valle) que de allí bajaba al Tajo.

Después, en los textos medievales se la menciona al principio como "la dehesa de la Peraleda", pero cada vez más se la llama simplemente "La Peraleda", y pronto pasaría también a llamarse "La Peraleda de Plasencia". Aunque no lo parezca, en el siguiente documento (un pleito judicial) se la nombra como "la dehesa de la Peraleda" (zona resaltada en amarillo):

En resumen, sabemos que la actual Peraleda fue fundad en el siglo XIII, aunque no sabemos si de nueva planta o sobre un asentamiento más antiguo. Pero si establecemos todas las posibles teorías sobre el origen de nuestro pueblo es porque hay algo extraño que de ningún modo podemos ignorar: La cruz plantal, de la que hablaremos más detalladamente en el futuro y veremos cómo cada una de esas teorías podrían encajar en ello. El caso es que durante siglos, nuestros ancestros sabían que Peraleda era un sitio absolutamente especial, y esa cruz tiene mucho que ver con ello. Es una pena que ese conocimiento haya terminado por perderse entre nosotros. Pero dejemos atrás las especulaciones sobre su origen y volvamos a la época en la que Peraleda entra en la historia.

 

EN LA EDAD MEDIA

Lo que sí sabemos de cierto es que nuestro territorio pasó a formar parte del alfoz de la ciudad de Plasencia desde su creación por Alfonso VIII en 1186. El 8 de marzo de 1189 el rey Alfonso firma el privilegio fundacional de la ciudad y describe su alfoz,  siendo el vado de Alarza una de las esquinas de este territorio que se conocerá como “Tierra de Plasencia”:

"...En todas las partes que se hallan allende del Tiétar, posean los términos junto al Tajo, según se le cruza por el vado de Alarza que hay en el Tajo, yendo derecho a la Cabeza-Mayor de la Pedernalosa, y de Pedernalosa hacia Piedrahita”. Partiendo de lo que hemos leído en antiguos pleitos, hemos podido identificar a Alarza, Pedernalosa y Piedrahita como tres puntos que se encuentran dentro del actual término de Peraleda.

San Francisco de Asís

En 1212 San Francisco quiso evangelizar a los musulmanes e intentó viajar a Siria, aunque no lo consiguió. Al año siguiente, en 1213, vuelve a intentarlo, esta vez por occidente. El gran santo entra probablemente por Roncesvalles e inicia un viaje por España que durará hasta 1214. La importancia de este santo hace que la historia se mezcle con la leyenda y sea difícil distinguir la una de la otra. Pero si nos fiamos de las tradiciones, el santo fue primero peregrino a Santiago y luego bajó con intención, frustrada por una enfermedad, de pasar al Imperio almohade (sur de España y Marruecos) para evangelizar a los sarracenos. Dicen que bajó por la Ruta de la Plata hasta Plasencia y de allí fue por Talavera hasta Madrid o Toledo. En tal caso es casi seguro que pasaría también por el actual término de Peraleda cruzando por una de las dos rutas posibles entre Almaraz y Calzada de Oropesa: o bien por Valparaíso o bien pasando por Belvís y el lugar de la Peraleda en su tramo más corto y recto. En este momento, dos años después de la batalla de las Navas de Tolosa, la zona probablemente estaría poco o nada poblada; tal vez con algunas chozas y pastores mozárabes o abulenses dispersos por el territorio. La visita del santo coincide con el fin definitivo de la amenaza árabe en toda nuestra zona, lo que sentaría las bases para organizar la repoblación. La antigua Cofradía de San Francisco que aquí teníamos puede que surgiera del recuerdo, real o legendado, de tal visita.

Señorío de Peraleda

La primera mención que encontramos de Peraleda está en un documento de no mucho más tarde. Como ya hemos visto, en 1276 Alfonso X el Sabio concede al placentino Domingo Velasco, escribano de la Cámara Real, el lugar de la Peraleda con la orden de poblarlo. De este modo se crea el Señorío de Peraleda, que heredarán sus hijos. No sabemos cuándo finaliza este señorío, la segunda y última noticia que tenemos de él es que Sancho IV (1284-95) confirmó el señorío a los hijos de Domingo Velasco porque "sirvieron con lealtad al rey don Alfonso X".

Como nota curiosa diremos que probablemente este Domingo Velasco, primer señor de la Peraleda, era en nuestro pueblo conocido con el apodo cariñoso o jocoso de “Mingo Blasco”, y en el siglo XV todavía se llamaba con ese nombre a una finca que estaba en Alarza, bajo la Majada Alta (donde ahora está el Puro), hoy sumergida en el pantano. Se llamaba esa zona “Las Chozas de Blasco Mingo”, y es posible que el topónimo guarde la memoria de algún intento de nuestro señor feudal por repoblar la cabecera de Alarza con improvisadas chozas, intento que no debió cuajar.

Señorío de Belvís

El mismo año que Sancho IV confirma el señorío de Peraleda, 1284, crea también el Señorío de Belvís y se lo regala al caballero placentino Hernán Pérez del Bote. Autorizó en Belvís la construcción de un castillo, hoy aún en pie, y para mantenerlo le concede el señorío de varios pueblos. Y aunque no sabemos exactamente en qué fecha terminó el señorío de Peraleda, sí sabemos que no hicimos sino salirnos de un señorío para meternos en otro, como ahora veremos.

Fin del señorío de Peraleda

Si Sancho IV confirmó el señorío de Peraleda, es poco probable que durante su reinado lo revocase, así que habríamos de suponer que nuestro señorío durara al menos hasta su muerte, en 1295. Y sin embargo no es eso lo que vemos. Tres años antes, en 1292 encontramos un documento donde Fernán Pérez del Bote se declara "señor de Belvís, Fresnedoso, Deleitosa, Mesas de Ibor y la Peraleda". Puesto que es poco probable que el rey revocase su propio privilegio, es más fácil suponer que estamos ante un caso de compra o, más probable aún, de apropiación indebida, pues estos robos de tierras eran por aquella época bastante frecuentes. Esta apropiación se consolida, pues la siguiente mención que hemos encontrado de Peraleda en las crónicas históricas es en 1329, cuando al morir el primer señor de Belvís, Hernán Pérez del Bote, lega a su hijo en el testamento el señorío de Belvís junto con la Peraleda, Fresnedoso y Casas de Ibor. En 1441 todavía aparece Peraleda como parte del señorío de Belvís, y ya no tenemos más información sobre nuestra relación con ese señorío.

En 1327 Fernán Blázquez, Señor de Navamorcuende, Toledo, crea en su testamento el mayorazgo de San Román (en San Román de los Montes, al norte de Talavera), que incluye nuestras Chozas de Blasco Mingo. Esto quiere decir que esa finca, que lleva el nombre del primer señor de Peraleda, ya había pasado a manos del señor de Navamorcuende antes de esta fecha, lo que es consistente con suponer que nuestro señorío terminó alrededor del 1292, tal como arriba explicamos. En 1604, en el pleito de Plasencia con Alarza, los frailes estaban convencidos de que esa finca era suya desde el principio, con Sancho IV, y en Peraleda algunos decían que esa finca antes era de Plasencia. Es probable que Peraleda tuviera razón, pues no tiene mucho sentido que el tal Domingo Velasco plantara unas chozas en terreno que no era suyo, aunque vaya usted a saber.

Fin de nuestra pertenencia a Belvís

El documento más tardío que hemos encontrado en donde se menciona a Peraleda aún como parte del señorío de Belvís es, como dijimos, del 1441, y en el 1456 el Concejo de la Campana delimita (ilegalmente) las lindes con Alarza, que son límites de Peraleda, lo que significa que en esa fecha nosotros ya pertenecíamos a ese Concejo. Por lo tanto Peraleda salió del señorío de Belvís y entró en la Campana a mediados del siglo XV, en algún momento entre los años 1441 y 1456. No tenemos constancia de cómo pudo Peraleda salirse de Belvís, pero si consideramos que nuestro paso a Belvís fue por usurpación, es fácil suponer lo que ocurrió.

El señor de Belvís le había robado por la fuerza a la ciudad de Plasencia el lejano pueblo de la Peraleda. Pero en 1442 el rey Juan II de Castilla convierte a la ciudad en un señorío, nombrando a Pedro de Zúñiga Conde de Plasencia. Puede que no tardase Zúñiga ni tres días en reclamar al señor de Belvís que le devolviera la Peraleda, pues la había usurpado ilegalmente, y siendo aquél mucho menos fuerte que el señor de Plasencia tuvo que devolvérsela (de grado o por fuerza). Así que sería ese mismo año o poco después cuando Peraleda se salió de Belvís y volvió a Plasencia, que ahora era el Señorío de Plasencia, por lo que vamos ya por el tercer señorío.

En 1488 los Reyes Católicos devuelven a Plasencia el estatuto de ciudad de realengo, así que sólo dependía del rey, y Peraleda, como parte del Ayuntamiento de Plasencia, abandonaba por fin todo señorío. Sin embargo hay un detalle que arroja sombra sobre qué pasó con Peraleda durante la segunda mitad del siglo XV. Que salió de Belvís parece bastante claro, y que antes de 1456 entró en la Campana parece también claro, pero tal vez algo raro pasó, porque existe un pleito de 1501 donde hay un litigio entre el placentino Pedro Juárez de Villalobos y Gutierre de Monroy, también placentino, sobre la posesión de Peraleda. No sabemos quién es ese tal Pedro Juárez, pero el tal Gutierre podría ser un Monroy que no habiendo heredado el señorío de Belvís prueba a hacer valer sus supuestos derechos familiares sobre Peraleda. Pero no pleitea contra Plasencia, que ya era ciudad libre, sino contra ese tal Villalobos ¿es que Villalobos tenía derechos de propiedad sobre Peraleda? ¿Había vuelto Peraleda a ser un señorío propio? O tal vez Villalobos estuviera actuando simplemente como representante del Ayuntamiento de Plasencia, lo que tendría más sentido. Pero hasta que no podamos estudiar ese pleito no podremos aclarar las dudas. El caso es que de una forma u otra salimos del señorío de Belvís y pasamos a Plasencia, y a partir de ese momento nuestro pueblo será normalmente conocido con el nombre de “la Peraleda de Plasencia”, y se incorporó a la confederación municipal de la Campana de la Mata.

La Campana de la Mata

La Campana de la Mata era una parroquia que fundó el obispo de Plasencia, probablemente alrededor del año 1390 (aparece ya citada es en 1395), en torno a una iglesia que mandó construir por entonces (o quizás años antes) aprovechando una torre defensiva anterior, de principios del XIV más o menos, que había junto a una capilla o ermita más modesta. Esta iglesia se llamó “Santa María de Compostela de la Mata” (hoy sus ruinas son conocidas como “San Gregorio” por ser ese el nombre de la cofradía que la usó por última vez). Su intención era dar servicio religioso a la población dispersa por la zona y promover también la repoblación y la ayuda mutua, así como defenderse comunalmente de los frecuentes intentos de usurpación de tierras por parte de los señoríos que les rodeaban y también de los privilegios de la Mesta. Pronto a la función religiosa se añade una función civil, constituyéndose esos pueblos como una especie de mancomunidad con bienes comunales, que pasó a llamarse “Conçejo de la Campana de Nuestra Señora Santa María de Compostela de la Mata”, posteriormente conocido como "Concejo de la Campana de la Mata de Compostela", y luego "Concejo de la Campana de Nuestra Señora de la Mata" (a menudo abreviado como Concejo de la Mata o también Concejo de la Campana) y que comprendía los pueblos de La Mata (luego llamado Santa María), Navalmoral, Valparaíso, Torviscoso y la Malhincada. A mediados del siglo XV entra también Millanes y Peraleda. Este Concejo era una confederación de ayuntamientos, y a su vez era dependiente del Ayuntamiento de Plasencia, del que todo el territorio formaba parte dentro de la división administrativa conocida como el Sexmo del Campo Arañuelo.

En ese mismo siglo la Mata se despobló (antes de 1517), quedando Santa María convertida en "parroquia yerma" (iglesia sin población, en medio del campo) y su población, así como el cura párroco, se habría trasladado principalmente a la vecina Valparaíso. Puede que eso sea el motivo por el que cuando empezamos a tener datos de población desglosados Valparaíso aparezca ya como el pueblo más grande de toda la Campana. Sin embargo a lo largo del siglo XVI vemos cómo Valparaíso va menguando y Peraleda crece con fuerza hasta doblar su población en tan sólo 70 años, pues por su pujanza económica se fue llevando la población de Valparaíso igual que en el XV se había llevado casi toda la población de Santa Cruz de Alarza, ambas limítrofes con nuestro pueblo al norte y al sur respectivamente.

Al parecer, analizando entre otras cosas los apellidos de la época, se han señalado tres oleadas sucesivas de poblamiento en los pueblos de la Campana, que según Serafín y Dionisio Martín Nieto, simplificando serían las siguientes:

1- s.XIII-XIV Los primeros pobladores vinieron principalmente de La Vera, sobre todo Jarandilla y en menor medida Valverde. Estos a su vez eran descendientes de colonos que habían bajado desde la parte leonesa (León y Galicia) y desde la parte castellana (Ávila).
2- s.XIV-XV La segunda oleada fue más netamente castellana y vino principalmente del este, el Campo Arañuelo toledano y la comarca de la Jara. El movimiento poblacional más significativo fue el trasvase de población de Santa Cruz de Alarza hacia Peraleda.
3- s.XVI Pastores de la Mesta que bajaban por la cañada real leonesa oriental y por la segoviana y terminaron asentándose en el Campo Arañuelo.

Por tanto en Peraleda concretamente podemos decir que si nuestro origen fue sobre todo verato, la época en la que verdaderamente nuestra población se disparó fue sobre todo por la llegada de castellanos de las tierras del Conde de Miranda y la Tierra de Talavera, y muy especialmente el trasvase de población desde Alarza, que hace además que este apellido fuese por entonces realmente frecuente en Peraleda, mucho más incluso que ahora. Las investigaciones lingüísticas también parecen ir confirmando que nuestros orígenes están relacionados fundamentalmente con el sur de Ávila, La Vera y el Campo Arañuelo toledano.

En la siguiente tabla vemos las cifras de población total de la Campana y de cada uno de sus lugares en varios momentos del siglo XVI. Vemos cómo Peraleda, Navalmoral y Valparaíso dominan la escena, mientras que Torviscoso, Millanes y Malhincada son mucho más pequeñas. En las Relaciones Topográficas de Felipe II se nombra a Torviscoso, la Malhincada y la despoblada Santa María de la Mata como "tierra enferma" debido al paludismo, lo que supuso un factor importante en su incapacidad para despegar. Estas tres poblaciones se encontraban justo en la ribera de un arroyo, lo que hacía que los mosquitos transmisores del paludismo (malaria) causaran muertes y enfermedades continuamente (sabemos que en el año 1900 el 100% de la población de Torviscoso padecía esta enfermedad). Valparaíso, y sobre todo Peraleda y Navalmoral, tenían el agua lejos, de modo que he aquí otra razón añadida por la que la localización de Peraleda lejos del agua supuso un factor de progreso a pesar de su incomodidad.

Nota: para hallar el número aproximado de habitantes a partir del número de vecinos (unidades familiares) que nos dan los documentos hemos utilizado un factor 4, suponiendo que cada hogar tenía de media unas 4 personas tal como suele calcularse.

Año

Total

Peral.

Naval.

Valp.

Torv.

Milla.

Malh.

1528

1.684

564

640

788

244

136

168

1587

3.004

980

916

568

204

132

204

1595

3.288

1.104

960

584

224

148

268

Este peculiar Concejo tenía su sede, al igual que su parroquia, en la iglesia de Santa María de la Mata, a cuyas puertas se reunía (o dentro si llovía). A las reuniones del Concejo acudía por cada pueblo su alcalde y un regidor. Había dos escribanos (notarios), que eran aportados uno por Peraleda y el otro por Navalmoral. Cuando Valparaíso terminó por desaparecer durante la Guerra de Sucesión en 1706, Peraleda y Navalmoral concentraban la mayor parte de la población del Concejo y por tanto eran los que lo controlan, para desesperación de los otros pueblos pequeños.

Pero la lejanía del agua no era el único factor que favorecía a Peraleda. Además de la variedad de sus tierras tenemos, como siempre, el otro factor: su privilegiada posición en las vías de comunicación. El puente romano de Augustóbriga hacía siglos que se había derrumbado pero el vado de Alarza seguía ahí, y la ruta este-oeste que ahora comunicaba Madrid-Lisboa, pasaba también por Peraleda, lo que la hacía al mismo tiempo más rica y más vulnerable. Por eso desde finales del XVI Peraleda se convirtió en la población más grande e importante del Concejo, siendo en todos los documentos nombrada en primer lugar. La única razón por la que el cura de Santa María (la parroquia madre de todo el Concejo) aún seguía residiendo en el ya pequeño Valparaíso es porque en Peraleda no había iglesia; Valparaíso la tuvo desde el siglo XIV, y esto influirá en lo que vamos a contar a continuación.

 

RENACIMIENTO: CON CARLOS V Y FELIPE II

En 1526 el joven emperador Carlos V se dirige a Sevilla para casarse con Isabel de Portugal. El lunes 26 de febrero el emperador llega a Valparaíso (hoy parte de Peraleda), en donde pasa la noche. No saldrá de allí hasta la tarde siguiente, lo que hace de esta parada una de las 3 más largas de su ruta en tierras extremeñas (las otras dos paradas largas fueron Trujillo y Mérida. En el resto de los lugares paraba lo justo para dormir o comer). Puesto que pasó aquí casi un día entero, es de suponer que todos los alcaldes del Concejo de la Mata le rindiesen pleitesía. Al día siguiente marchó a cenar a Almaraz, y lo haría, como por entonces era lo normal, pasando por Peraleda, pues esta era la ruta que permitía evitar el arroyo de Santa María, que no tenía puente y especialmente en invierno bajaba bravo. Por lo tanto Peraleda, directa e indirectamente, tiene el honor de sumarse a las poblaciones que orgullosas lucen sus credenciales de pertenecer a una de las dos principales rutas del Emperador: La Ruta Nupcial de Carlos V, la nuestra, que hizo en plena flor de la vida. La otra fue la de Yuste, en el ocaso de su pronta vejez. Pero estando en Yuste volvió a cruzar de nuevo por el mismo pueblo en que paseó su mocedad en la peregrinación que hizo desde Yuste hasta Guadalupe y de nuevo a la vuelta. Por lo tanto Peraleda puede presumir de que por sus calles pasó el emperador no una, sino tres veces.

Ruinas de Valparaíso

Pero si Carlos V iba de Calzada hacia Almaraz ¿por qué fue a dormir a Valparaíso en lugar de parar en Peraleda? pues Peraleda estaba en la ruta y para ir a Valparaíso había que desviarse. La respuesta es muy sencilla: Carlos V era de misa diaria así que procuraría ir parando en lugares en los que pudiera escuchar misa. En toda nuestra zona el único cura que había era el de Santa María, y residía en Valparaíso, que contaba también con iglesia propia. Podríamos pensar que ya que estaba en Valparaíso lo lógico sería que siguiera por la Ruta B y pasase por Navalmoral en lugar de bajar a Peraleda, pero quien conozca al arroyo de Santa María en febrero (y antes llovía más que ahora) sabrá que cruzar ese arroyo sin puente sería peligroso, y el rey y todo su séquito no iban a mojarse la barriga y pasar peligro teniendo a mano la ruta mucho más cómoda y segura de Peraleda.

Salvo la de Valparaíso y la solitaria Santa María, no había en estos momentos más iglesias en la Campana; el resto de localidades contaba sólo con una humilde capilla dependiente de Santa María de Compostela de la Mata, que era la parroquia común de todo el Concejo. En 1535 comienza la construcción de la actual iglesia de Peraleda y también su gran crecimiento de población, tal vez influido en parte por las obras del templo. En 1575, cuando el edificio lleva ya más de un tercio construido, el cura de Santa María abandona Valparaíso y se traslada definitivamente a Peraleda, que ya se ha convertido en la población más importante de la zona. Desde entonces y hasta 1867, el cura de Peraleda seguirá siendo al mismo tiempo "cura rector de Santa María de la Mata y de sus iglesias anexas", o sea, ejercemos la capitalidad espiritual, aunque a lo largo del siglo XVII todas las poblaciones del Concejo se irán dotando también de iglesias propias, aunque subordinadas a nuestro párroco.

No contentos con pagar las obras de la iglesia de Santiago con nuestro propio dinero (al contrario que las de los otros pueblos, costeadas por el obispado), aún nos sobraba dinero para embellecerla de forma espectacular. En 1575, el mismo año en que nos convertimos en sede parroquial, y probablemente a causa de ello, en el ábside de la inacabada iglesia se realiza nuestra obra cumbre, lo que merece llamarse "La Capilla Sixtina del esgrafiado figurativo español" por su calidad, singularidad y belleza. Nada semejante podemos encontrar en el arte español anterior al siglo XIX.

Como hemos visto, aunque Santa María seguía siendo la iglesia madre de todo el Concejo, en la práctica era ya Peraleda la sede parroquial, pues el cura de Santa María vivía ahora aquí. Una consecuencia de ello es que a partir de entonces las iglesias de los pueblos de la Campana pagarán parte del diezmo a Peraleda, lo que aumenta aún más nuestros ingresos. Que el dinero no era problema alguno lo muestra el hecho de que muy poco después de terminarse la construcción de la iglesia o incluso antes de terminarse, ya se modificó el templo añadiendo un gran pórtico renacentista en su fachada norte. Y por si esto fuera poco, 30 años después Peraleda, en lugar de empobrecida y endeudada, estaba lista para volver a realizar un enorme desembolso económico como luego veremos.

La construcción de la Iglesia coincidió casi exactamente con el reinado de Felipe II, de principio a fin. Con este rey Peraleda, al igual que el resto de España, conoció una época de expansión económica salpicada de graves crisis. España era ahora el imperio más grande jamás conocido y eso significaba mayores riquezas, pero también migraciones masivas al Nuevo Mundo. Las zonas más pobres fueron las que más gente envió a las Américas, y Peraleda no era una de ellas, pero aún así algunos de nuestros paisanos se embarcaron en busca de las tierras de oro y miel que prometían. Los Archivos de Indias dan fe de algunos de los peraleos que marcharon allende los mares, al igual que algunos harían más tarde hacia Filipinas.

Pero ser parte del Imperio también suponía deberes añadidos. España estaba permanentemente embarcada en guerras de conquista o de mantenimiento, no sólo por América sino también por Europa. Flandes fue en esta época un lugar especialmente conflictivo,  y la cantidad de peraleos que marcharon a luchar a Flandes fue tal, que se estableció toda una tradición que aún marca nuestra Semana Santa. Puesto que quien allí iba no sabía si tendría la suerte de volver vivo, era costumbre que aquellos que lo hacían, en acción de gracias, regalasen a la iglesia una bandera del estilo que llevaban allá en los tercios de Flandes, según nos cuentan las crónicas.

¿Alguna vez te has preguntado de dónde ha salido esa extraña bandera oscura llevada a hombros entre dos hermanos con los mástiles cruzados? Pues aunque hoy sólo tenemos una, sirve de recuerdo de todas aquellas que nuestros paisanos, agradecidos a Dios, donaron en aquellos años a su regreso de tierras flamencas. Del mismo modo los soldados romanos de nuestra antigua y venerable Semana Santa no usan en absoluto armas romanas, sino de los tercios de Flandes. Esos extraños hachones y lanzas con curiosas formas no son producto de la imaginación popular, sino copias exactas de las temibles alabardas de aquellos tiempos que aún se pueden ver en muchos museos españoles y flamencos. Fue en esta época cuando se crearon nuestras hermandades y se iniciaron las tradiciones de nuestra insigne Semana Santa, así que no es casualidad encontrar en ella estas influencias.

La iglesia se terminó de construir en el año 1603, cinco años después de la muerte de Felipe II. En estos momentos la importancia de Peraleda la podemos ver en el listado de diezmos que ese mismo año cobra la catedral de Plasencia a todas las poblaciones de su alfoz (poblaciones dentro de su término municipal). La cantidad de dinero (en maravedíes) aportado por cada población es un indicador de su importancia económica y demográfica: 

"Valparaíso 99.500, Torviscoso y Malhincada 150.000, Millanes y Valdejuncar 140.000, Navalmoral 100.000, Peraleda 280.000".

Por tanto, si excluimos la media parte de "Valdejuncar" que no era del Concejo, Peraleda sola pagó casi la mitad (el 40%) de todo el diezmo del Concejo (uno de los 10 pueblos que más pagaron de todo el alfoz de Plasencia), lo que nos indica que el enorme gasto de construir una iglesia como la que tenemos, con menos habitantes de los que somos ahora, más que un gasto tal vez fue una inversión que, junto con otros factores, dinamizó la economía del pueblo y atrajo aún más población.

Es esta época en la que, según las crónicas, los campos de Peraleda en su mayor parte eran de bosque espeso poblado de ciervos, lobos, jabalíes etc. y caminar desde Navalmoral a Peraleda era peligroso de noche, no sólo por las fieras sino también por los salteadores y los desaprensivos, como nos relatan algunas crónicas.

La historia continua en HISTORIA DE PERALEDA DE LA MATA 2: DESDE EL RENACIMIENTO HASTA LA ACTUALIDAD Y MÁS

Escena del retablo esgrafiado de Peraleda, 1575
 

Escrito por Angel Castaño

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