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ROLLO DE LA VILLA
s. XVII


Rollo de PeraledaEl rollo de Peraleda data de 1663, pero el presente rollo es una reconstrucción del original, cuyas características se han podido recuperar gracias a que se conservaban varias piezas, a las memorias de algunos de los más ancianos de la localidad, y a esta foto adjunta que nos ha permitido confirmar datos y medidas.

Su emplazamiento original estaba situado en la plazuela que aún hoy se llama del Rollo pero durante la Segunda República el consistorio lo traslada al emplazamiento actual cuando decide repararlo. Al parecer sus piedras ya se movían y los chavales, que gustaban de escalar a su cima, corrían peligro de provocar un accidente. Finalmente, durante la Guerra Civil, tropas forasteras derriban el monumento y sus piedras quedaron rodando por aquí durante años hasta que la gente se las fue llevando. En el año 2016 comienzan las voces pidiendo su reconstrucción y en el 2018 el Ayuntamiento decide llevar a cabo la empresa.

Cuando el rey concedía a un pueblo la independencia le otorgaba el privilegio de contar con rollo, picota y cepos. El rollo era el símbolo de la independencia jurisdiccional de una villa, lo que declaraba que era municipio autónomo y con capacidad de impartir justicia. La picota era la columna donde se ataba a los ajusticiados para castigarlos, y también donde se ejecutaban las penas de muerte, pudiendo servir también de horca. El cepo era un artilugio de madera o metal donde el condenado quedaba aprisionado por las manos y/o la cabeza para mantenerlo preso en el calabozo o en la plaza para escarnio público.

Hasta principios del siglo XX Peraleda contó con estas tres cosas. Si bien era frecuente que, por ahorrar, el rollo se usara también como picota, no fue así en Peraleda. Teniendo en cuenta que la ruta principal era el camino que iba desde Belvís hasta Calzada de Oropesa, la picota se instaló a la salida del pueblo, en frente de la antigua ermita de San Sebastián, en el lugar aún hoy conocido como La Cruz de la Horca; los cepos se guardaron en los calabozos del ayuntamiento y el rollo se colocó a la entrada principal del pueblo, bien visible en lo alto de un cerro y alrededor del cual surgió un barrio aún conocido como el barrio del Rollo. Esa era antaño la principal entrada al pueblo, pues la población de referencia era Belvís, igual que hoy la entrada principal es el presente emplazamiento por ser la población de referencia Navalmoral.

Hasta el año 1663 Peraleda formaba parte del ayuntamiento de Plasencia y como el resto de su alfoz, soportaba impuestos muy superiores a quienes vivían en la ciudad, además de ser gobernados por gente que ni nos conocía ni sentían demasiado interés por nuestros destinos. No es de extrañar que nuestros ancestros se esforzaran tanto en conseguir la independencia.

Para Peraleda el rollo no era sólo la constatación de que la ciudad de Plasencia dejaba de tener jurisdicción sobre nuestros asuntos y de saquearnos con sus impuestos; sobre todo era la reivindicación de nuestra independencia frente a tres poderosos vecinos que llegaban hasta nuestras lindes: al oeste el poderoso señor de Belvís, el muy poderoso conde de Miranda al este, y los monjes de Alarza al sur. Con todos ellos teníamos problemas, pero al tener jurisdicción propia ahora teníamos armas judiciales para defendernos.

La colocación del Rollo en las entradas principales de la villa era la forma habitual de informar a los visitantes de que entraban en una villa con jurisdicción propia y con capacidad de aplicar justicia, lo cual servía para dar prestigio a la localidad y también de aviso a malhechores. Pero las localidades pertenecientes a un noble también tenían un rollo, con el escudo del noble, marcando así su propiedad. Esto, junto con el hecho de que en muchas localidades el rollo se usara como picota, hizo que a principios del XIX las Cortes de Cádiz decidieran abolir y mandar derribar todos los rollos de España.

La mayoría de las ciudades y villas del país se vieron así obligadas a destruir estos seculares monumentos que habiendo sido en general signos de orgullo, justicia e independencia pasaron a tratarse como símbolos de la tiranía y la tortura. Sin embargo, hubo una provincia donde muy pocas poblaciones acataron esta orden de destrucción: Cáceres. Tampoco Peraleda acató la nueva orden. Pero lo que una ley no logró, lo logró el tiempo y la Guerra. Tras la Guerra Civil un considerable número de poblaciones cacereñas habían perdido su rollo, aunque poco a poco muchas de ellas han ido recuperándolos, a lo cual ahora se ha sumado también Peraleda.

Pero para Peraleda el rollo es más que todo eso, es símbolo de una aventura casi épica. No conseguimos la independencia solos, sino mancomunados. En aquellos tiempos, y hasta mediados del XIX, Peraleda formaba parte de una muy original entidad legal llamada La Campana de la Mata, que era a la vez una sola parroquia y un solo ayuntamiento pero compuesto por diferentes ayuntamientos, y que a la vez se reconocía integrado en el Ayuntamiento de Plasencia, que era el que mandaba en todos nuestros asuntos. La sede de la parroquia y del comunal ayuntamiento se encontraba en la esplanada de Santa María de la Mata -hoy conocida como ruinas de San Gregorio, a 4 kms de aquí- milenario lugar de culto en torno al cual se desarrollaron las instituciones de nuestra zona. Fue allí cuando el 10 de agosto de 1635 el Concejo de la Campana de la Mata se reúne y acuerda dar plenos poderes al Licenciado Matheo de Aranda Valpuesta, Cura de la Mata, para que gestione la compra de la jurisdicción civil y criminal, es decir, nuestra independencia.

A causa de desidias y de intereses ocultos, fueron muchas y enormes las dificultades que nuestro cura párroco encontró en su camino, y muchas las gestiones que nuestros alcaldes, escribanos y hombres de pro tuvieron que realizar. Pero sobre todo fue enorme el esfuerzo económico que cada familia del Concejo tuvo que realizar para pagar su independencia, siendo Peraleda, con cerca de la mitad del presupuesto, la que más contribuyó a los costes por ser la que más población y riquezas tenía. Después de pagar todo, la administración pierde los papeles y dice que no le consta el pago. La vecina Casatejada, que también había comprado su independencia, no había conseguido hacer frente a sus pagos y finalmente, para evitar volver a ser parte de Plasencia, había vendido la propiedad del pueblo a la Orden de Calatrava. Peraleda debió pasar los terribles años de espera temiendo un destino similar. Después de haber pagado cada familia la enorme cantidad de 10.000 maravedíes -muchos probablemente a costa de endeudarse- durante 28 años ni siquiera supieron si ese dinero había servido para algo o si a lo único que podrían aspirar fuera, como ocurrió con Casatejada, al derecho a cambiar de dueño.

Finalmente, tras décadas de preocupaciones y esfuerzos, conseguimos el ansiado documento. Es de imaginar el enorme orgullo, pero también el gran alivio que sentirían nuestros ancestros, cuando el 12 de julio de 1663 consiguieron la independencia y pudieron al fin levantar el rollo y decir así al mundo entero que éramos por fin libres, una villa independiente que respondía sólo ante el rey. Hoy, como homenaje a nuestros antepasados que tanto lucharon por conseguirlo, lo hemos levantado aquí de nuevo.

Por quanto habiendo yo resuelto hacer Merced al Conzejo de la Mata que se compone de los Lugares de la Peraleda, Balparaiso, Torviscoso, Malhincada, Navalmoral, y los Millanes, los cuales hacen el dicho Concexo, una Vecindad, una Justicia igual y un Regimiento y gobierno de la Jurisdiccion de la Ciudad de Plasencia por haber ofrecido servirme con diez mil maravedís por cada vecino, o quatro mil Ducados por legua legal tase parte en plata, y lo demás en Vellon a mi elección, lo que fuese mas favorable para mi Real Hacienda, dando al dicho Concexo y lugares de el, las Preminencias de Villa de por si y sobre si, con Jurisdicciom Alta baxa, mero mixto imperio, para que la Usen y Exerzan los Alcaldes Ordinarios que fueren de dicho Concexo, de la Campana de la Mata, cada uno en su lugar privativamenete de texas a dentro perpetuamente para siempre Jamas.

(Privilegio de Villazgo de la Campana de la Mata, 1663)

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Rollo antiguo

 

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