Casa de la Inquisición

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s. XVI

Casa de la InquisiciónEsta casa perteneció a Don Alonso García del Campo, nacido hacia 1555 y nombrado familiar del Santo Oficio (también llamado la Santa Inquisición). La casa por tanto es anterior a esa fecha y ocupaba toda la manzana en la que se encuentra. Sus dos robustas columnas de piedra testimonian que se trata de una familia de grandes recursos y al recibir el nombramiento mandó tallar sobre el balcón, para siempre, el escudo de la Inquisición, de tosca factura y sin inscripción alguna, pero suficiente para anunciar su prestigioso cargo.

El escudo de la Inquisición española muestra a ambos lados de la cruz una espada, que simboliza el trato a los herejes, y una rama de olivo, que simboliza la reconciliación con los arrepentidos. En el escudo original, que no en este, aparecería alrededor la leyenda «EXURGE DOMINE ET JUDICA CAUSAM TUAM. PSALM 73», frase en latín que traducida al castellano significa: "Álzate, oh Dios, a defender tu causa, salmo 73 (74)."

Escudo de la InquisiciónLa Inquisición española fue creada por los Reyes Católicos como tribunal eclesiástico para juzgar los delitos cometidos contra la fe por parte de cristianos. Peraleda dependía del tribunal de Llerena, al sur de Badajoz. Pero además de su sede, el tribunal de la Inquisición correspondiente nombraba en algunos puntos a representantes suyos llamados “familiares de la Inquisición”, cuyas casas eran como delegaciones locales de dicho tribunal. Estos familiares tenían dedicación plena a su cargo y cumplían las funciones de un policía encargado de vigilar y poner en conocimiento de su tribunal los casos competentes que descubriera o que le denunciaran. Así mismo hacían labores de guardaespaldas de los inquisidores, detenían sospechosos, trasladaban presos, inspeccionaban edificios, recibían testificaciones de encausados y participaban en los actos inquisitoriales. Su recompensa no era monetaria, sino de prestigio social. Para pertenecer a este grupo era imprescindible cumplir seis requisitos que, en aquellos tiempos, definían a los considerados como la élite social; seis requisitos que Don Alonso, por tanto, cumplía:

1- No ser extranjero
2- Limpieza de sangre, es decir, demostrar venir al menos de cuatro generaciones de cristianos.
3- Tener una vida honesta y ejemplar.
4- Ser hijo legítimo.
5- No ejercer oficios bajos -los que implicaban trabajar con las manos.
6- No ejercer actividad económica alguna, o sea, que debían vivir de las rentas.

Eran elegidos entre personas adineradas, pues necesitaban recursos propios para ejercer sus funciones, y de total confianza, teniendo en nuestro caso probablemente jurisdicción no sólo sobre Peraleda sino sobre toda la zona. El cargo recaía por tanto en familias de mucho prestigio, por lo que los que construyeron esta casa figuraban entre las familias más señaladas de la comarca.

Casa de SalvadorHay en el pueblo otra casa de características similares, aunque no podemos garantizar que haya una conexión entre ambas, pero son llamativas sus coincidencias. Se trata de la casa conocida como Casa de Salvador, por ser éste su último ocupante, y está marcada como 4b en el plano adjunto. También es una casa muy grande que ocupaba toda la manzana y que, al igual que esta, presenta en su portada dos grandes columnas de piedra que sostienen un balcón.

Esa otra casa ha alimentado desde hace tiempo, como ninguna otra, la fantasía local. Se asegura que antiguamente era un convento de monjas y que entre esa casa y la iglesia había un túnel subterráneo cuya entrada estaba en el ábside, oculta tras el retablo. Estos datos, no obstante, tienen cierta base real. Hubo en Peraleda algo parecido a un monasterio, aunque ni de monjas ni dentro del pueblo. Se trata de la antigua Granja de Alarza, que pertenecía al monasterio cisterciense de San Martín de Valdeiglesias y que estaba a la orilla del Tajo, hoy bajo el pantano. También hay un túnel bajo la casa, pero en realidad es una “cueva” o sótano del tipo frecuente en ciertas casas de Peraleda. Por hallarse su recorrido cortado por un derrumbe se permite imaginarlo mucho más largo, aunque no podía internarse en la iglesia por tener ésta el suelo totalmente dedicado a enterramientos apilados a considerable profundidad. Pero a pesar de toda evidencia, la leyenda se resiste a morir.

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Escrito por Angel Castaño

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