Casa de Fray León de San José

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(1708-1739)

Fray LeónEl 22 de septiembre de 1708 nació en esta casa León Gómez García, posiblemente nuestro peraleo más universal. Criado en una familia piadosa, desde niño se familiarizó con las frecuentes visitas a Peraleda de los frailes franciscanos del vecino convento del Berrocal, en Belvís de Monroy, así como los agustinos de Jarandilla, despertando en él la vocación religiosa que, unida a su espíritu ardiente y aventurero, plantó en él la firme determinación de ser misionero en tierras lejanas.

Ingresó de novicio en la orden de los agustinos, probablemente en Jarandilla y de ahí a Madrid, donde hizo los votos a los 22 años. Pero su anhelo estaba mucho más allá, y en cuanto pudo se embarcó a las Filipinas, llegando a Manila a la edad de 26.

Sus virtudes y apasionamiento impresionaron al prior del convento de Manila, que accediendo a sus deseos le envió a la isla de Mindoro, al convento de Calavite, para que profundizara en el dominio del lenguaje tagalo. Cuando estuvo preparado le confiaron la administración y visita de las aldeas del partido de Calavite.

Tal como nos cuentan los testimonios de la época, no sólo se preocupaba de propagar la fe sino también de crecer él en la misma, y así cultivaba su humildad ejerciendo los oficios más bajos y dedicándose a las ocupaciones más humildes. Ayudaba a los indígenas en sus tareas, se mezclaba con ellos, se mostraba cercano y amigo, por lo que no tardó en hacerse querer por todos.

El 23 de octubre de 1739, a la una de la mañana, cuando se encontraba durmiendo en la parroquia de Ililin -actual Iriron- el cuerno del vigía despertó a la aldea, periódicamente atacada por piratas islámicos llamados allí "los moros". Sabedor de que estos piratas encontraban gusto en profanar las sagradas formas de la Eucaristía por escandalizar a la población cristiana, mientras todos huían nuestro Fray León no dudó en correr a la iglesia para poner a salvo lo más sagrado. Y lo consiguió, pero al precio de caer preso de los piratas, que lo embarcaron con la intención de pedir un cuantioso rescate por él.

Tiene pues 30 años cuando los moros tirones le llevan cautivo a la isla de Lío, donde pasó un año de trabajos forzados. Otros frailes y sacerdotes capturados por esa misma época eran llevados a islas pequeñas a la espera de conseguir por ellos un rescate. Pero según afirman los testigos, incluso en su cautiverio, Fray León se entregó con verdadero ahínco a su afán de evangelizar y salvar las almas incluso de sus captores. Fue este irreprimible afán por evangelizar lo que les enfureció hasta el punto de darle cruel tormento para después mutilarlo en vida con saña antes de arrojar sus restos al mar, tal como nos cuentas las crónicas filipinas:

Después de tenerlo mucho tiempo desnudo en un monte ocupado en la dura faena de descascarillar palay le quitaron la vida en medio de los más atroces tormentos. Amarrándolo a un harigne y juntándose muchos moros con sus armas, le iba cada uno hiriendo poco a poco para que su muerte fuese más sentida y penosa, hasta que, habiendo pasado todos hiriéndole en diversas partes de su cuerpo, le cortaron brazos, piernas, narices y orejas, arrojando al mar su cuerpo. Estas noticias, comunicadas por algunos jolanos, se tuvieron además por varios indios que habían logrado escapar del cautiverio, los cuales, aunque no conforme en algunos detalles, coincidían en lo sustancial, y todos a una contaban el valor y fortaleza del religioso en predicar la fe de Jesucristo hasta el momento de entregar su espíritu.

El 2 de septiembre de 1740 el Sultán moro recibe al fin un despacho del Gobierno dispuesto a negociar la liberación de Fray León, pero ya era demasiado tarde. No fue hasta el 4 de febrero de 1741 cuando llega al Concejo de la Mata la notificación oficial informando de la muerte en martirio de nuestro vecino y el nacimiento del primer santo de la Mata.

Con el tiempo, los pueblos de la Campana de la Mata olvidaron a su mártir, pero no los agustinos de Filipinas, que vinieron a Peraleda a homenajear a nuestro ilustre paisano, regalando a la parroquia un cáliz de plata en agradecimiento por la sangre peralea vertida por sus pobres.

Para más información visite Fray León de San José. Vea también su entrada en Wikipedia.

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Escrito por Angel Castaño

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