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Adán

Adán

En español: Desastrado, Desastre, Adán

[ sustantivo masculino coloquial ]

1- Hombre desaliñado, sucio o descuidado en su aseo personal, que se abandona. A veces añade el matiz de "vago".

2- Hombre descentrado, desastre, poco formal.

Ver: Estar hecho un adán, Gañán, Mêndigo

• Ays que Adán, mira qué pinta me traes otra vez. Anda, vete pa la palancana, lávate un poco, y métete los jarapales pa dentro. ¡Y péinate esos pelos!

• Tú no te aficiones mucho a Pepe que ese es un adán y te v'a lleval por mal camino.

Campos semánticos: Defectos Descripción física Insultos Personalidad Personas

Comentarios:

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Adán fue el primer hombre en la Biblia, pero también es, según lo define la RAE, un hombre "desaliñado, sucio o haraposo", o también "apático y descuidado".

Hay una anécdota sobre un adolescente peraleo que andaba en amores con una chica de Burgos que se llamaba Eva. Un día que había tenido en casa un descuido de los suyos, su padre le dijo enfadado: "¡Adán, que eres un adán!". En aquel momento sonó el teléfono en otra habitación, lo cogió su hermana y le gritó "¡Te llama Eva!". Al oírlo su padre se echó a reír y se acabó la bronca.

Es gracioso que adán se haya especializado en el sentido de "hombre desastrado", que es precisamente como lo definía en su diccionario María Moliner: "Se aplica a un hombre descuidado o desastrado en su arreglo personal". Este uso de adán no parece muy antiguo. Se incluye en el DRAE a finales del siglo XIX, concretamente en 1884, y entonces se definía como "hombre dejado, desaliñado, sucio o haraposo" y, en vez de etimología, entre paréntesis llevaba esta explicación: "Por alusión a la desnudez del primer hombre", aunque hoy para ir hecho un Adán no hace falta ir tan desnudo.

En realidad adán es una palabra usada sobre todo por las mujeres para referirse a los hombres desastrados. Las mujeres, por su tipo de educación, no solían serlo. Adán lo suelen usar las mujeres cuando intentan que los hombres (marido, hijos, etc.) se arreglen o cuando los regañan por no hacerlo.

En el monólogo femenino Cinco horas con Mario, escribe Delibes: "Claro que dirás tú que a ti la ropa qué, que ésa es otra, que nunca te dio por ahí, que me has hecho pasar unos apuros que ni te imaginas, hijo, siempre hecho un adán, que yo no sé qué arte te das que a los dos días de estrenar un traje ya está para la basura, que ni sé cómo me enamoré de ti, francamente...".

Carmen Martín Gaite cuenta en su libro Usos amorosos de la postguerra española: "A las niñas se las reñía incalculablemente más que a sus hermanos si no dejaban su ropa bien doblada o tenían el cuarto revuelto. Y eran cosas -según se apostillaba siempre- que se les decía por su bien, para que el día de mañana supieran mandar en su propio territorio, no presentar al marido hecho un adán, retenerlo, y sobre todo transmitir a sus hijos la antorcha del orden".

En ese sentido, los hombres suelen recordar la palabra adán de las regañinas de sus madres, cuando volvían a casa perdidos de barro después de jugar y se quejan de que nunca se dijera a una niña: "¡Vienes hecha una eva!", pero reconocen que las niñas de su época siempre fueron más limpias y comedidas que ellos. Y, en general, siguen siéndolo.

En cuanto a su distribución geográfica, encontramos la palabra en casi todas partes, excepto en el norte peninsular y en Andalucía y Canarias, de modo que esta palabra sigue teniendo buena salud.

Origen: Hebreo. Nos entró a través del español. Es mucho más frecuente que en español. Se usa en algunas partes de España.

Etimología:

Del hebreo Adam, personaje bíblico, derivado de adama (tierra).

 

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